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	<title>Zero Kelvin &#187; Aportaciones</title>
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	<description>Huellas de unos dedos congelados</description>
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		<title>De Guardiola a Segurola (por Rubén Uría)</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Dec 2010 08:49:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Rubén Uría]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde los veinte años comprendí que debía colgar del otro lado mis berretines goleadores, porque tenía los pies cuadrados. Así que lejos de protagonizar diagonales imposibles y paredes de fantasía, me dediqué a disfrutar del fútbol de mi amigo &#8216;Pernales&#8217; por esos campos de Dios, donde a ras de tierra, uno se dejaba la pierna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Desde los veinte años comprendí que debía colgar del otro lado mis  berretines goleadores, porque tenía los pies cuadrados. Así que lejos de  protagonizar diagonales imposibles y paredes de fantasía, me dediqué a  disfrutar del fútbol de mi amigo &#8216;Pernales&#8217; por esos campos de Dios,  donde a ras de tierra, uno se dejaba la pierna a jirones después de cada  tarascada. Aferrado al sueño pelotero que &#8216;Pernales&#8217; vivía en carne  propia y yo hacía mío en la ajena, descubrí el poder de las ondas a  través de José María García, un Torquemada que blandía una espada  flamígera y que incendiaba las madrugadas a base de denunciar escándalos  deportivos y entrevistar a personajes míticos. Al calor de Supergarcía,  tuve a bien dar carpetazo a mis pasiones deportivas y poner en &#8216;modo  on&#8217; mi vocación periodística. Con la inestimable ayuda de mis padres y  el consejo de algunos buenos amigos, comencé Derecho y después de un año  me torcí, de manera definitiva, hasta llegar a la Facultad de Ciencias  de la Información. Soñé con ser García. Luego me asomé a la ventana de  De la Morena. Y finalmente, apodado &#8216;el becario atómico&#8217;, di con mis  huesos en la redacción de un maestro de periodistas, José Joaquín  Brotons, que me enseñó todo lo bueno y lo malo que un chaval sin  formación, de pueblo y con tanta ilusión como poca cultura, debe  conocer. Con el paso de los años, sazoné mi carrera profesional de  pequeños éxitos y grandes curas de humildad, destino inevitable para  todo aquel periodista que acaba siendo traicionado por su peor enemigo,  la soberbia. Después de tres años duros, de travesía del desierto,  abandoné la primera línea de fuego y caí en el olvido. Como a  Pellegrini, &#8220;me fueron&#8221; y encontré refugio en la sección de Sociedad, en  los informativos de la COPE, donde existe la buena costumbre de recoger  a los heridos de guerra.</em></p>
<p><em>Ahí, en las duras, fuera de circulación y  con la suficiente libertad como para poder desarrollar la profesión al  aire libre -repito, libre-, me topé con la inmejorable oportunidad de  poder escribir este cuaderno de bitácora, donde no sólo no se practica  la censura, sino que se alienta la pluralidad. Durante este tiempo, he  disfrutado con la precisión de cirujano de José Sámano y la belleza de  los escritos de Eleonora Giovio en El País. Me he apuntado a la lista de  lectores asiduos de Julián Redondo en La Razón. He formado parte de esa  legión immpenitente de admiradores de Juan Manuel Rodríguez en Libertad  Digital, un número uno de la comunicación que merece más crédito y  mejor suerte en esta profesión. He disfrutado como un enano con la prosa  de Ramón Besa, con el buen hacer de José Miguélez, con la pluma de  Alfredo Relaño en su etapa pre-Villarato, con los artículos cargados de  épica de Alejandro Delmás, con las joyas de Fermín de la Calle, con el  talento de Iván Castelló, con las pinceladas de maestro de Martí  Perarnau, con la calidad de los textos de Carlos Marañón, con el  esfuerzo de Borja Pardo, con los análisis de Enrique Ortego y con las  lecciones literarias de Enric González. Me he descubierto fan de Antoni  Daimiel, cada día saboreo más la originalidad de un gurú como Ramón  Trecet y me va el olor a radio que transmite Edu García, un genio que no  practica el periodismo umbilical. Con Juanma De la Casa ha cobrado  dimensión la palabra amigo, de Nacho Ruiz he aprendido qué significa el  rigor, de Roberto Morales la fidelidad, de Miguelito la profesionalidad,  de Iñaki Cano que el periodismo es una maratón, de María José Navarro  que la vida puede ser maravillosa y del inmenso Carlos Fuentes, que la  ética y la independencia aún existen en este cochino pero bendito  oficio. A todos ellos les pido el más humilde de los perdones por  traicionar todo lo que ellos me han enseñado. Hoy, lo siento, voy a  tomarme la libertad de denunciar algo que todo el mundo sabe pero que  muchos callan.</em></p>
<p><em>Desde hace ya algún tiempo, un prestigioso diario  deportivo se ha enfrascado en una virulenta campaña de acoso y derribo  sobre Pep Guardiola. Desde tiempos inmemoriales, este periódico solía  defender la búsqueda de la verdad, se acercaba a la objetividad lo más  posible y tenía a bien no tomar partido en cuestiones que fueran más  allá de simples puntos de vista deportivos. Hoy el cuento ha cambiado  mucho. Su afán vendedor, su ansia de poder y su difama que algo quedará  han convertido sus páginas en un concurso de tiro al blanco, donde  algunos pseudo-periodistas hacen las veces de francotiradores y apuntan a  la sien del entrenador del Barcelona. Son, de manera oficiosa, el  Comité de Actividades Anti-Guardiola. Para ellos no es suficiente con  desprestigiar a Pellegrini. Tampoco con endiosar a Mourinho. Su meta, de  un tiempo a esta parte, consiste en una cacería humana cuyo único  propósito estriba en denostar, enmerdar y calumniar a un señor cuyos  pecados capitales se resumen en tres: Uno, ser entrenador del mejor  equipo de fútbol de la historia a nivel estético; dos, no conceder  entrevistas a los periodistas ejerciendo su legítimo derecho a responder  única y exlusivamente en ruedas de prensa; y tres, no entrar al trapo  de las continuas descalificaciones que recibe, contestando únicamente  sobre el terreno de juego. No es nuevo que a Guardiola se le espera, de  manera continua, con la escopeta cargada a la vuelta de la esquina. De  Pep molesta su tono pausado, sus formas elegantes, su ironía, su  desdramatización, su naturalidad e incluso su bendita manía de poner la  otra mejilla mientras se le descuartiza sin cuartel.</em></p>
<p><em>Guardiola,  sin comerlo ni beberlo, se ha convertido en el enemigo público número  uno de unos tipos que han confundido sus deseos con la realidad y la  Facultad del Euro con la Facultad del Periodismo. Es víctima de  asesinos, a sueldo, de reputaciones. No importa que sea el entrenador  que haya ganado todo lo que se puede ganar en su primera temporada.  Tampoco que tenga una conducta ejemplar. Y por supuesto, no puntúa que  sea el técnico que más y mejor labor está desarrollando con la cantera. A  Guardiola se le imputa una presunta falsa modestia. Y eso, a los  apóstoles del Comité de Actividades Anti-Guardiola, les pone peor cuerpo  que a la niña de &#8216;El Exorcista&#8217; cuando bajaba las escaleras a cuatro  patas. Según esta versión periodística que supera los límites del mal  gusto, Pep mea colonia y de su uretra privilegiada sale una lluvia  dorada que le confiere dotes de &#8220;hare krishna&#8221;, repartiendo doctrina  pandereta en mano. Guardiola, que también se equivoca, se ha equivocado y  se equivocará porque no es Dios ni es infalible, despierta los  sentimientos más bajos de un periodismo poco acostumbrado a la  relfexión. No hay tregua con Pep. Lleva puesta una careta, no es un tío  auténtico, es sibilino y es más falso que un euro de madera. Se llama  &#8220;Guardiolafobia&#8221;. La penúltima contra Guardiola, que debió de ser el que  se inventó que había bombas de destrucción masiva en Irak, rebasa los  límites de lo vergonzoso.</em></p>
<p><em>Se acusa a Guardiola -sin pruebas, marca de la casa- de pretender &#8220;reírse del fútbol español&#8221;. <a href="http://es.eurosport.yahoo.com/05122010/47/viaje-contrarreloj-mas-surrealista-barcelona.html" target="_blank">Hasta donde alcanza la información y el sentido común, la película de los hechos fue la siguiente</a>:  El Barça, fiel a su costumbre de la temporada, decide viajar el mismo  día en avión, a pesar de los problemas de los controladores áreos;  Sandro Rosell se pone en contacto con la Federación Española de fútbol;  la RFEF le dice al Barça que no hay &#8220;pega&#8221;, que si no llega a tiempo el  partido se puede jugar el domingo y que no perderá los puntos, pero que  falta saber qué piensa Osasuna; el equipo navarro exige jugar a la hora  prevista y pide a la RFEF que se lo transmita al Barça; el club catalán  recibe la llamada de un responsable federativo que les dice que Osasuna  quiere jugar y que, si no se presentan en Pamplona, perderán el partido y  los puntos correspondientes; el Barcelona, perplejo por la &#8220;marcha  atrás&#8221; de la RFEF, viaja a Zaragoza en AVE y luego en bus a Pamplona;  llega al Reyno, el partido comienza con retraso y gana 0-3. Esto es  información y no opinión. Esa secuencia de los hechos se interpreta de  manera interesada en el &#8216;Pravda&#8217; oficial del Comité de Actividades  Anti-Guardiola. Sin hacerse eco del comunicado oficial del FC Barcelona,  la portada reza así: &#8220;Un capricho de Guardiola casi hace perder al  Barça los puntos&#8221;. En interiores, Roberto Gómez firma una columna que se  titula &#8220;Pep, eres un mentiroso&#8221;, cuyas líneas maestras son las  siguientes:&#8221;Guardiola mintió con premeditación y alevosía cuando acusó a  la RFEF de un lío que él se había encargado de montar (&#8230;) Mintió  cuando dijo que los responsables de AENA le habían dicho que podía volar  (&#8230;) Y mintió cuando dijo que no había tomado la decisión de no viajar  a Pamplona si no era en avión (&#8230;) Guardiola tendrá que recibir la  reprimenda del fútbol español. Humilló a los profesionales de Osasuna y  debería ser castigado por ello&#8221;.</em></p>
<p><em>De lo escrito por Roberto Gómez &#8211;  un tío agradable y simpático en las distancias cortas- cabe añadir que  nadie le acusó con tanta saña cuando dijo que el fichaje de Zidane era  una &#8220;milongaza&#8221;. Ni cuando bautizó a Ramón Calderón como el &#8220;nuevo  Kenneddy del madridismo&#8221;. Ni cuando pasó de puntillas por las presuntas  irrgularidades de Calderón para echarse en los brazos del presidente  entrante. O cuando, vamos a decirlo alto y claro, se hace el sueco  cuando le hablan de que el presidente del Atlético de Madrid es un  delicuente prescrito. De Gómez sólo se puede decir que si Guardiola  humilló a los profesionales de Osasuna, él humilla diariamente a los  aspirantes a periodistas por su zafiedad a la hora de escribir. Las  acusaciones de RG aparecen en la página 11. En la página 12, qué  casualidad, se anuncian los cupones correspondientes a la promoción del  set de Vino Oficial del Real Madrid, &#8220;el regalo perfecto de las  Navidades, con bomba de vacío, tapón y sacacorchos&#8221;. En la 14, sólo dos  más tarde, la bomba de vacío es el titular &#8220;Pep se pasa de listo&#8221;, el  tapón es leer que &#8220;el Barça acaba viajando en tren y en autocar ante la  imposibilidad de volar&#8221; y el sacacorchos llega al final, con la frase  &#8220;la RFEF prometió la suspensión y luego dio marcha atrás ante la  rebelión de Osasuna&#8221;. Sí, han leído bien. El mismo medio que demoniza al  Barça y sataniza a Guardiola sin piedad, lo reconoce sin ambages: &#8220;La  RFEF PROMETIÓ LA SUSPENSIÓN Y LUEGO DIO MARCHA ATRÁS&#8221;. Si este periódico  no miente, si fue la RFEF quien prometió la suspensión y luego dio  marcha atrás, la pregunta del millón es: ¿Qué coño tiene que ver  Guardiola entonces? Pues, sencillamente, pasaba por ahí.</em></p>
<p><em>En la  16, otra que te meto, Aniceto. Entrecomillado de Jorge Pérez, federativo  de Villar, claro y conciso: &#8220;Fue iniciativa nuestra aplazar el  partido&#8221;. Acabáramos, &#8220;fue iniciativa nuestra&#8221;. Así que no fue de  Guardiola, vaya hombre, mire usted por dónde. Como las insidias no  acaban ahí, el asunto se sigue enmerdando en la página 55, bajo el  rimbombante epígrafe &#8220;lo dice Marca&#8221;. Tribuna abierta del Doctor  Bartolomé Beltrán con una frase, sencillamente, hilarante: &#8220;La afrenta  de Guardiola y sus jugadores había generado una crispación  generalizada&#8230;&#8221;. Ahí queda eso. No fue culpa de la RFEF, sino de  Guardiola. No fue un mal entendido, sino una afrenta. Y no fue una  afrenta de Guardiola, no, fue también de sus jugadores (¿?). El  divulgador científico de &#8220;Guía práctica para la mujer embarazada (1983),  &#8220;Siempre mujer, ante la menopausia&#8221; (1988) o &#8220;Todo sobre el embarazo&#8221;  (1994), se cubre de gloria a la hora de atizar a mano abierta al  Barcelona pero, las cosas como son, tiene quien le supere. Por ejemplo,  el editorial del día, con un título que hace las delicias de cualquier  cerebro rapado: &#8220;Sólo la firmeza de Osasuna impide que Guardiola se ría  del fútbol español&#8221;. No dejes que la realidad te estropee una buen  titular. Una vez leído y comprobado que al autor le ha quedado  &#8216;niquelado&#8217;, chapamos con la contraportada de Miguel Serrano, contra el  que no tengo absolutamente nada, cuya hoja de servicios le resultará  familiar a los aficionados del Atlético de Madrid.</em></p>
<p><em>Este tipo fue  el que comparó alegremente al Atlético de Madrid con &#8216;Almacenes Arias&#8217;  al tiempo que identificaba al Madrid de Armani y El Corte Inglés.  También se ganó el &#8216;cariño&#8217; de los atléticos cuando escribió, todo  delicadeza, que la gente del Atlético es la afición &#8220;autobautizada mejor  del mundo&#8221;. Ahora la emprende con otro de sus objetivos favoritos,  Guardiola. Dice Serrano que &#8220;la mano que mece la RFEF no es una mano  negra, sino azulgrana&#8221;. Ahí queda eso. No me cabe ninguna duda de que  Serrano, a buen seguro, tendrá en su poder todas y cada una de las  pruebas donde se demuestra no sólo que hay una mano negra en la  Federación, sino que también hay una azulgrana que, visto lo visto,  adultera la competición. Cuando las haya recopilado y las tenga en su  poder, debería publicarlas en su periodico primero y acudir a un Juzgado  de Primera Instancia después, porque tan importantes documentos podrían  acabar, de una vez y para siempre, con la podredumbre de una  competición de la que él sabe cosas que el resto desconocemos. No tengo  ninguna duda, repito, de que Serrano llevará esto a cabo, porque de lo  contrario corre el riesgo de que el Fútbol Club Barcelona se reserve el  derecho a emprender acciones legales contra insinuaciones de tal  calibre. Hay más: &#8220;En este país sólo hay dos tipos de personas que  pueden pasarse por el forro las normas y quedar impunes: los  controladores aéreos y Pep Guardiola&#8221;. Serrano entiende que es más  objetivo echarle la culpa a Guardiola de todo, antes que escribir que la  RFEF ha funcionado en este asunto como una sucursal de 13 Rue del  Percebe, con todos los respetos para los entrañables personajes del  tebeo. Se aplica, a rajatabla, el fuego a discrección contra Guardiola.  Es la enésima ocasión en que este periódico realiza un linchamiento  consentido y público de Guardiola, al que le niegan el pan y la sal. El  terrorismo se ha puesto de moda en el periodismo deportivo y los que  llevan pasamontañas tienen el objetivo cada día más claro: No importa  que Guardiola gane, que de lecciones, que sea un magnífico entrenador,  que sea ejemplar o que gane seis títulos de una tacada. Vende más  tirotearle, sin piedad y sin pruebas, con eso de que mea colonia, que es  un engreído, un vanidoso y ahora, que quiere &#8220;reírse del fútbol  español&#8221;.</em></p>
<p><em>Santiago Segurola -periodista, éste sí- escribía una  deliciosa crónica del Madrid-Valencia en las dos primeras páginas del  diario. Es terrorífico comprobar, día sí y otro también, que sus  imprescindibles artículos resultan un oasis en mitad de un páramo de  valores morales. Aún recuerdo que cuando fichó por este medio de  comunicación, se bautizó su llegada como la contratación del &#8220;Michael  Jordan del periodismo español&#8221;. Creo que Santi, a quien no conozco de  nada pero admiro en todo, se aleja del perfil jordanesco y está más  cerca del talento impecable de Pep Guardiola. Eso sí, teclado en mano,  SS se asemeja al brasileño Sócrates. Aquel doctor en democracia y pelota  tenía un lema: &#8220;Hay que ser blando con las personas y duro con los  problemas&#8221;. Eso es lo que aplica, magistralmente, Segurola. Y eso,  precisamente eso, es lo que necesita este periodismo deportivo que se ha  vuelto rosa, nauseabundo, especulador, grosero y de barra de bar. Este  periodismo de nuestras entretelas, que ha cambiado la devoción por el  euro, que ha prostituído la búsqueda de la verdad por los índices de  audiencia, necesita más ejemplos de etiqueta negra. Más personas que  fijen y den esplendor a un deporte convertido en negocio, donde las  bajas pasiones no pueden primar sobre las reflexiones.</em></p>
<p><em>Este  fútbol y este periodismo necesitan una catársis profunda. Ser Pep  Guardiola, en estos tiempos que corren de seguidismo y puñaladas  traperas, es peligroso pero admirable. Ser Santi Segurola, en este  periodismo de intereses económicos y campañas orquestadas, es tan raro  como digno. Será que ser genuíno, ser uno mismo, no tener patrón y tener  una escala de valores propios, no se lleva. En lo que a mi respecta,  hace tiempo que soy consciente de que escribir la verdad puede ser  sínónimo de perder el trabajo y quedarte en la calle. Y en la calle,  digámoslo bien alto, hace mucho frío. Pero quien pone precio a su  dignidad, acaba perdiendo su dignidad. Así que, de una vez por todas,  quitemos las caretas a los fariseos. Basta de periodismo carroñero, de  tertulianos groseros y de opiniones teledirigidas. No veo a Pep como  Nobel de La Paz, pero sí creo que el fútbol necesita más Guardiolas. Y  este periodismo, más Segurolas.</em></p>
<p><a href="http://es.eurosport.yahoo.com/futbol/ruben-uria/article/16745/">Este artítulo ha sido publicado por Eurosport</a> y, visto como está el periodismo deportivo en este país, es tan sumamente brutal y tan magnífico que creo que era necesario destacarlo.</p>
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		<title>En busca del equipo perfecto (Artículo de Enrique Vila-Matas)</title>
		<link>http://www.sonoftechnology.net/2009/09/en-busca-del-equipo-perfecto-articulo-de-enrique-vila-matas/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 17:36:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cop de Falc</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Copde's Corner]]></category>

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		<description><![CDATA[Tremendo, yo que soy un admirador incondicional de Enrique Vila-Matas desde que mi buen amigo Quim me evangelizó, no puedo por menos que no entender que hace este tipo hablando de fútbol. Supongo que, en medio de una crisis &#8220;bartlebyana&#8221; ha tenido un momento &#8220;hazme casito&#8221; para salir a la luz. Triste. Muy triste. Acompaño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tremendo, yo que soy un admirador incondicional de Enrique Vila-Matas desde que mi buen amigo <a href="http://www.facebook.com/inbox/?ref=mb#/profile.php?id=1092533671&#038;ref=ts">Quim</a> me evangelizó, no puedo por menos que no entender que hace este tipo hablando de fútbol. Supongo que, en medio de  una crisis &#8220;bartlebyana&#8221; ha tenido un momento &#8220;hazme casito&#8221; para salir a la luz.</p>
<p>Triste. Muy triste.</p>
<p>Acompaño artículo que pueden también leer en <a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/busca/equipo/perfecto/elpepidep/20090912elpepidep_14/Tes">El País</a>.</p>
<p><strong>En busca del equpo perfecto</strong></p>
<p><em>Este verano puse el vídeo de la final de Champions y fui viendo y analizando el partido sin el nerviosismo del día en que lo vi en directo. Era consciente de que no iba a poder leer la final exactamente como imaginaba que en su momento había podido hacerlo Guardiola, del mismo modo que nunca podré leer entero un artículo mío imaginando que soy Guardiola y lo estoy leyendo. Y sin embargo, hacia la mitad de la primera parte, durante unos breves y extraños segundos, me pareció leer las pequeñas carencias esenciales que el entrenador, a pesar de ir ganando, pudo detectar en el Barça. Recuerdo que, después de cruzar por aquellos extraños segundos guardiolanos, tuve bien claro que, por ejemplo, también yo habría fichado a Ibrahimovic y Chigrinski para esta temporada. Y no porque tengan unos apellidos fascinantes, que los tienen -deberían prohibir a los futbolistas llamarse Pepe y otras soserías por el estilo-, sino porque puede que uno y otro perfeccionen la excelente alineación que ganó al Manchester.</p>
<p>Ver un partido del Barça sin estar pendiente del resultado me permitió ver, por ejemplo, que Guardiola ha logrado la perogrullada de que Messi sea el mejor jugador del mundo porque juega en el mejor equipo del mundo, y no al revés; lo hace, además, en el equipo en el que ha estado desde niño, quedando por ver si en todos los demás frentes puede brillar así, véase si no su reciente fracaso con la selección argentina ante Brasil. Y pude también confirmar que, en compañía de otros tres genios (Cesc, Lampard y Gerrard), Xavi e Iniesta son los mejores centrocampistas del fútbol actual. Y que Valdés es el mejor portero que puede tener este equipo y que fue una barbaridad que la temporada pasada algunos insinuaran cambiarlo por Reina o por Diego López, notablemente inferiores a él.</p>
<p>Observé también, desde el primer momento, que Eto&#8217;o, sin la alta virtuosidad técnica de sus compañeros y convertido en reiterado impedimento serio para el trenzado de ciertas jugadas, cortaba las combinaciones de su equipo en el centro del campo. Ya sé que es un gran jugador y que el socio barcelonista, en su vertiente llorona y sentimental, lo añorará siempre. Pero en esa final, como venía ocurriendo en tantos partidos de la temporada, apareció sólo realmente en el minuto en que para sorpresa de todos marcó su gol, dio el zarpazo que seguramente decidió el partido, lo que no es poco. Ciertamente no es poco, pero también es verdad que después de ser decisivo se diluyó en correteos incordiantes para todos, no sólo para los centrales del Manchester. Sólo alguien como Guardiola podía decidirse a ser tan decisorio y decisivo como Eto&#8217;o, y días después decidir que era mejor abrirle la puerta a este gran jugador y salir en busca de nuevos inventos. De Ibrahimovic, por ejemplo, tan discutido por los socios llorones, pero que en cualquier momento puede empezar a recordarnos a Van Basten. Y no hay que olvidar que Guardiola siempre ha tenido en su punto de vista como modelo al gran Milan de Sacchi, Baresi y Van Basten.</p>
<p>En cuanto a los dos centrales del Manchester, sucedió con ellos algo sorprendente. Antes de la final de Roma estaban considerados como la pareja de defensores mejor del mundo. Pero dejaron de serlo cuando empezó a verse que, a diferencia de los del Barça, eran incapaces de salir con la pelota controlada. Y es más, se vio que el desequilibrio entre los centrales de uno y otro equipo -Piqué y Touré, a diferencia de los ingleses, siempre penetrando en las líneas defensivas rivales- era también decisivo para la superioridad blaugrana. Por otra parte, es posible que de haber jugado Puyol de central -lo hizo de lateral en sustitución de Alves-, el Barça no hubiera contado, en el sentido ofensivo, con la eficacia del improvisado central que fue Touré. Es fácil entender en este contexto por qué interesa a Guardiola un jugador como Chigrinski, que reúne en él solo las mejores cualidades atacantes de Márquez y Piqué. Queda finalmente la cuestión de Henry, que jugó a gran altura la temporada pasada, pero que, por edad y posible relajamiento, ofrece dudas para el porvenir. Ya en Roma fue un leve lastre, aunque lo fue porque salía de una lesión. Laporta ha asegurado haberle dado a Guardiola todo lo que ha solicitado y no espera que éste le desmienta, pero todos recordamos que pidió a Ribéry y que éste no ha llegado porque quien tendría que haber trabajado tanto o más que el entrenador no fue lo suficientemente diligente para prever -o soñar al menos- los retoques que este año eran necesarios para seguir en busca del imposible equipo perfecto.</em></p>
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		<title>Soy un distraido (por @rkornhauser)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jul 2009 13:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportaciones]]></category>
		<category><![CDATA[@rkornhauser]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Guadián]]></category>
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		<description><![CDATA[Siguiendo el meme que me llegó de @carlosguadian, recibo de Rafael (@rkornhauser) su continuación. La ola continua. Soy un distraído, por rkornhauser La vida me pasa de largo y no, quiero hacer muchas cosas y no, amo mucha cosas y no. Soy muchas cosas y no, o mejor dicho soy un intento de muchas cosas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siguiendo el meme que me llegó de <a href="http://www.k-government.com/">@carlosguadian</a>, recibo de <a href="http://fugeinrot.blogspot.com/">Rafael (@rkornhauser)</a> su <a href="http://fugeinrot.blogspot.com/2009/06/soy-un-distraido.html">continuación</a>. La ola continua.</p>
<p><strong>Soy un distraído, por rkornhauser</strong></p>
<p>La vida me pasa de largo y no, quiero hacer muchas cosas y no, amo mucha cosas y no. Soy muchas cosas y no, o mejor dicho soy un intento de muchas cosas. Alguna vez me dijeron que hago mejor las cosas &#8220;de ladito&#8221;, es decir siendo &#8220;descuidado&#8221;, sin darme cuenta. Siendo así, las mejores cosas de mi vida han pasado de ladito, han sido caminos y huellas. No veo venir las tormentas, me pregunto qué hubiera pasado si hubiera: estudiado Ingeniería en Sistemas Computacionales, estudiado letras, hecho el examen de admisión al Cenart (Centro Nacional de las Artes), dejado la facultad de Psicología, llamado a esa chica; qué pasaría si tan solo sonriera más&#8230; Soy un distraído que pasa por la vida preguntándose por todo, respondiendo pocas veces y hablando fuera de lugar.</p>
<p>He encontrado en la red un punto de encuentro, es como si de pronto todos mis hubiera se conjugaran en una sola posibilidad. A veces me doy cuenta y otras sólo hago lo que puedo, miro, me pregunto, anhelo y paso de largo.</p>
<p>Ya de este lado del Atlántico, invito a Zavet, Sofía, Queque y RT</p>
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		<title>La moneda y la princesa</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2009 19:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Aportación]]></category>
		<category><![CDATA[Creativa]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro]]></category>

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		<description><![CDATA[Pedro, un compañero del curso de creativa, me hizo llegar este relato el jueves pasado. Es suyo, y tiene un toque de genialidad que me ha encantado. No se ofendan&#8230; (ya me dirán). LA MONEDA Y LA PRINCESA Sin darse cuenta ha llegado a una fuente. Se para frente a ella, observa a la gente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pedro, un compañero del curso de creativa, me hizo llegar este relato el jueves pasado. Es suyo, y tiene un toque de genialidad que me ha encantado. No se ofendan&#8230; (ya me dirán).</p>
<p><strong>LA MONEDA Y LA PRINCESA</strong></p>
<p>Sin darse cuenta ha llegado a una fuente. Se para frente a ella, observa a la gente, la mayoría son turistas que hacen fotos y lanzan monedas al agua. Se le ocurre que la probabilidad de que se cumpla lo que deseas cuando tiras una moneda disminuye conforme aumenta lo insólito del deseo y que, al fina y al cabo, es como jugar a la lotería, muchos apuestan pero muy pocos ganan.</p>
<p>Se pregunta si carece de algo. Le viene a la caeza una lista de cosas que le gustaría tener y lugares a los que querría ir, pero son solo eso: cosas, lugares, objetivos alcanzables en la medida en que tenga la voluntada de conseguirlos. Él no necesita nada ni a nadie, aún menos la ayuda de una moneda.</p>
<p>Lía un cigarro, se lo lleva a los labios, busca el mechero en los bolsillos. Sus dedos topan con una pieza de 50 céntimos, juega con ella haciéndola resbalar por la mano, se la acomoda entre el índice y el pulgar, como las canicas cuando era crío, piensa ¡que narices!, y sin desear nada la impulsa en dirección a la fuente. La moneda asciende en parábola girando sobre si misma, el sol de agosto la hace centellear y él se divierte especulando con lo que podrá atribuir a este acto en el futuro. Entonces, en el punto más alto de su trayectoria, la moneda choca con otra y caen las dos a plomo, rebotan en los adoquines, su tintineo lo ahogan las voces de la gente y el fluir del agua.</p>
<p>Se agacha para recogerlas y al levantar la vista tropieza con la sonrisa de una chica.<br />
- Lo siento, ahora no se cumplirá tu deseo.<br />
No sabe si le ha entendido, le parece japonesa. Le entrega la moneda.<br />
-Bueno, adiós.</p>
<p>Camina unos metros y se gira. La chica no se ha movido, sigue al lado de la fuente, sonriendo. Da la última calada al cigarro, pisa la colilla hasta reducirla a casi nada y sigue con la vista como la brisa arrastra los restos. Sin saber muy bien por qué vuelve sobre sus pasos:</p>
<p>- Me llamo Marc, soy de aquí. No sé si hablas mi idioma.</p>
<p>Ella le explica que le entiende bastante bien, que es de Tokio, que ha terminado arquitectura y está de vacaciones. Le dice que ha venido sola y que se llama Arai.</p>
<p>Él también acaba de licenciarse en arquitectura y hoy no tiene nada que hacer. Se da cuenta que todavía tiene la moneda en la mano, la mira ¡joder con la moneda! mira a Arai y piensa que será interesante ver lo que pasa:<br />
- Quieres que te enseñe la ciudad?</p>
<p>Ella acepta. Pasan el día en el puerto, visitan museos. Beben en los bares, hablan de música, de sus expectativas profesionales, de arte. En el metro él la coge lamano, ¿cual era tu deseo?, y ella se agarra a su cintura, le contesta que quiere que vayan al hotel.</p>
<p>En la habitación se desnudan, él la abraza, se siente como un oso con ella entre los brazos.<br />
- Mi pequeña princesa amarilla -susurra.<br />
Y ella mira hacia arriba y se aprieta contra él.</p>
<p>Salen a cenar. Pasean de la mano. Arai habla, habla y sonríe. Marc piensa que no ha dejado de sonreir desde que la conoce.</p>
<p>El semáforo de peatones está verde, pero una moto no lo respeta. Marc se da cuenta, para en seco y tira de Arai hacia atrás con toda la fuerza de la que es capaz. No es suficiente. La moto se la arrebata de las manos. La chica vuela unos metros y cae en el asfalto.</p>
<p>-Arai, Arai -grita.</p>
<p>Tendida en el suelo, su princesa es ahora un pájaro con las alas rotas. Intenta recomponerle los huesos de las piernas</p>
<p>- Va levante, que no encontraremos mesa.<br />
Ella tiene los ojos cerrados.<br />
- Despierta &#8211; le pide llorando.</p>
<p>La gente le aparta. Le sientan en el bordillo, la cabeza entre las rodillas y el bolso de Arai en los pies. Después, horas de espera en aquella sala, los ojos sin lágrimas. El médico le explica que tiene varias fracturas, pero que lo peor son los daños cerebrales, que está en coma y que no sabe si despertará.</p>
<p>Como cada día, durante tres meses, Marc entra en la habitación, se acerca a Arai y le susurra al oido:</p>
<p>Te amo, mi pequeña princesa amarilla.</p>
<p>Entonces retira la máscara que la ayuda a respirar y besa sus labios secos anhelando que, como en el cuento, el beso la libere de la prisión en la que vive atrapada y regrese junto a él. Nada sucede. Se sienta, el móvil vibra y al cogerlo del bolsillo se da cuenta de que lleva los pantalones del día del accidente y de que allí está la moneda.</p>
<p>Marc tarda poco en llegar a la fuente. Desea que Arai se despierte y lanza la moneda. No hay sol que la haga centellear, nada interrumpe su trayectoria y alcanza el agua para hundirse junto a toras monedas y otros deseos.</p>
<p>Aquella tarde Arai salió del coma. Su primer gesto consciente fue sonreir, después preguntó por él.</p>
<p>****************************************************************************************************************************</p>
<p><em>Querido lector, si tu rollo es el rock, si eres un XY o si en el colmo de la fortuna eres un auténtico macho que come cactus sin pelar y al que su madre amamantó con leche y tequila a partes iguales querrás saber lo que sucedió después:</p>
<p>Arai volvió, siguió sonriendo, pero a partir de aquel día la vida de Marc fue un infierno. Incapaz de satisfacerla en lo más nimio, nunca la entendía, nada era suficiente, todo eran reproches. Según su familia, Arai siempre había sido egoísta, la vida a su lado era difícil. Él, quizás culpándose por el accidente, no tuvo valor para abandonarla, pero deseó con todas sus fuerzas no haber lanzado la moneda o, por lo menos, que aquella pequeña zorra japonesa no hubiese despertado jamás.</em></p>
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		<title>Yo, S.A.</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2009 21:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Renata Salecl]]></category>
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		<description><![CDATA[Mi compañera Inma me hace llegar este escrito de Renata Salecl, publicado en 2007 y que me parece de sumo interés. Sí, es largo, pero da mucho que pensar. Yo S.A. (publicado en La Vanguardia el 24/01/07) El dueño de una compañía de internet que prosperó en el momento de la burbuja informática me contó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Mi compañera Inma me hace llegar este escrito de Renata Salecl, publicado en 2007 y que me parece de sumo interés. Sí, es largo, pero da mucho que pensar.</em></p>
<p><strong>Yo S.A. (publicado en La Vanguardia el 24/01/07)</strong></p>
<p>El dueño de una compañía de internet que prosperó en el momento de la burbuja informática me contó en cierta ocasión sus angustias frente al despido de empleados jóvenes y entusiastas cuando los negocios empezaron a ir mal. Un momento especialmente doloroso se produjo cuando tuvo que desprenderse de un joven muy trabajador y que se había volcado mucho en la compañía. El empresario se reunió con él y le comunicó que debía prescindir de sus servicios; el joven quedó muy afectado. Por un momento, pareció como si fuera a estallar en lágrimas, pero enseguida se recompuso, agarró una libreta y le pidió al empresario que le dijera qué era lo que había hecho mal en su trabajo, de qué manera no se había esforzado lo suficiente y, sobre todo, cómo podría mejorar en su siguiente empleo. Conmovido ante semejante reacción, el empresario insistió en que su comportamiento no había tenido defecto alguno, que el despido se debía sólo a que la compañía se encontraba en una espiral descendente y que intentaba por todos los medios salvarla. Sin embargo, el joven insistió en que quería algún tipo de comentario crítico para poder tenerlo en cuenta y ser aun mejor empleado la siguiente vez.</p>
<p>Hace un tiempo, quien era despedido culpaba de su desgracia a las circunstancias externas; hoy, en cambio, la ideología capitalista dominante nos empuja a evaluarnos a nosotros mismos en primer lugar y a intentar discernir por qué no hemos conseguido conservar el trabajo. Evaluación es la palabra suprema en los tiempos que corren. En las universidades británicas, los profesores ocupan ahora la mitad de su tiempo en escribir informes sobre alumnos, programas, colegas, etcétera. En las compañías internacionales existentes por todo el planeta, los empleados no sólo son evaluados por sus jefes, también se les pide constantemente que se evalúen a sí mismos. Dado que la precisión de la autoevaluación es luego cotejada con la procedente del supervisor, siempre es uno presa de la ansiedad ante el hecho de tener que evaluarse. Los psicoanalistas franceses se enfrentan hoy al gobierno, que intenta imponer unos parámetros relacionados con la forma de valorar sus tratamientos. Y los científicos eslovenos cuentan con ansiedad los puntos que les reporta cada artículo publicado de cara a las evaluaciones anuales de su trabajo.</p>
<p>En una época de incertidumbre radical, cuando la vida cada vez parece menos predecible y controlable y cuando el individuo se enfrenta sin cesar a nuevas ansiedades tanto en el ámbito de la vida privada como en el compromiso público, la persona es interpelada en tanto que alguien dueño de su destino. La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, un creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.</p>
<p>Según el sociólogo estadounidense Richard Sennett, el capitalismo posindustrial, con su énfasis en el riesgo, ha afectado de modo profundo el carácter de las personas. Hoy las empresas no dejan de reestructurarse. La flexibilidad se ha convertido en el nuevo mantra no sólo de las compañías sino también de los individuos. El empleado despedido de un trabajo corporativo porque la compañía atraviesa un proceso de reestructuración se siente culpable por no haber sido flexible antes y no haber asumido riesgos en relación con su carrera. En lugar de quedarse esperando la carta de despido, el empleado debía haber sido más listo y buscar un nuevo trabajo antes de que se acabara el que tenía. También los profesores de las universidades estadounidenses deben mantenerse en una búsqueda constante del siguiente trabajo. Aun cuando uno consiga el puesto que deseaba y se sienta satisfecho y feliz con él, debe seguir buscando algo mejor. No estar abierto de forma permanente a un nuevo trabajo disminuye la propia valía. La institución que ha contratado a semejante profesor podría empezar a considerarlo como una mercancía usada, como alguien sin nada nuevo que vender.</p>
<p>Vivimos una época dominada por el capital impaciente y en la que existe un deseo constante de resultados rápidos. Ahora bien, no sólo las compañías y los servicios financieros se enfrentan a inversiones y juicios acerca de los riesgos que pueden o no asumirse. Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S. A.;se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.</p>
<p>Se supone que una persona tiene que ser, ante todo, un inversor hábil. No se trata sólo de la necesidad de aprender la compleja lógica del mercado bursátil y convertirse en el propio asesor financiero, también tiene uno que considerar la propia vida emocional como otra forma de inversión. Se supone que debemos invertir tiempo y afecto en nuestros hijos para obtener un buen resultado en el producto que surgirá de su crianza. Del mismo modo, se supone que tenemos que invertir en nuestras relaciones con cónyuges y amistades con objeto de poder sacar fondos de los bancos emocionales que crean semejantes relaciones. Willard F. Harley, un famoso consejero matrimonial estadounidense, ha diseñado todo un sistema sobre el modoen que deben funcionar esos bancos emocionales para que las personas estén satisfechas con sus relaciones. Supongamos que en una pareja a él le gusta el fútbol y a ella le gusta dar paseos conversando con su marido. Harley propone que la pareja considere su relación como basada en la idea de un banco emocional. Si la pareja es inteligente, colocará muchos ahorros en su banco emocional en los momentos en que tienen una relación armoniosa. Ella, por ejemplo, irá con su marido a ver partidos de fútbol, aunque no le gusten; y él la acompañará a dar paseos aunque prefiera quedarse sentado delante del televisor. En momentos de crisis, uno de los cónyuges puede empezar a retirar afectivos y enfadarse tanto que dejará de participar en actividades con el otro. Entonces, el banco afectivo empieza a perder fondos hasta el punto de quedar vacío o incluso con una suma negativa. Cuando aparece una crisis así, la pareja necesita la ayuda de un asesor que los ayude a reestructurar sus inversiones emocionales y darles una dirección positiva.</p>
<p>Nadie niega la utilidad para la supervivencia de un matrimonio de que los cónyuges pasen tiempo juntos realizando actividades que los unen y de que conozcan sus propias emociones y las de su pareja. Sin embargo, la actual cultura del asesoramiento ha estado muy dominada por la idea de la elección racional. Dicha idea entró primero en la teoría económica y poco a poco ha ido impregnando todos los demás aspectos de nuestra vida. Incluso el amor y las emociones son percibidas como susceptibles de ser dominadas racionalmente.</p>
<p>La búsqueda en Amazon. com de libros que traten el tema de la ira da más de 95.000 resultados. Un simple vistazo a los títulos produce la impresión de que la ira es un gravísimo problema en nuestra sociedad. Parece que vivimos en La trampa de la ira,nos enfrentamos a La danza de la ira,que La ira mata;está también El enigma de la ira,que produce Desórdenes de la ira;y hay Mujeres iracundas,que parecen experimentar la ira de modo diferente a los hombres. Y es de capital importancia saber Cómo aplacar la ira de tu hijo y lograr que viva sin ira.Siendo como es uno de los siete pecados capitales, la ira parece un problema especial, y hay muchos manuales sobre la forma de deshacerse de ella. La gestión de la ira,La superación de la ira,Más allá de la ira,La conquista de la ira,La expulsión de la ira,El control de la ira,Cómo hacerse cargo de la ira,son algunos títulos de libros que supuestamente nos ayudan a enfrentarnos con esa emoción. Yel siguiente paso es Acepta tu ira,De la ira al perdón y, sobre todo, darse cuenta de que La ira es una elección.</p>
<p>El mantra de la autoayuda &#8220;No puedes controlar a los demás, sólo tus respuestas a ellos&#8221; es en muchas versiones el imperativo último que guía nuestras interacciones sociales. Este mantra es útil en los tratos con la familia o los colegas del trabajo, pero su insistencia en el autocontrol tiene un significado social más amplio. En una época de incertidumbre radical, que afecta a la sociedad en su conjunto y a nuestros microcosmos (el lugar de trabajo y la familia), debe uno abandonar las expectativas de poder incidir en el curso de la sociedad.</p>
<p>En la actualidad, la gente tiene muy poca capacidad de producir un impacto sobre el ámbito social y político. Como remedio ante esa impotencia, disponemos de una ideología que fomenta la idea de autoinvención. La ansiedad está presente en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Para controlarla, no sólo se aconseja a los individuos que se esfuercen más, sino también que inviertan en ellos, se gestionen a sí mismos y se mejoren de modo continuo. Cuanto menos predecible y controlable se ha vuelto la vida, más se insta a los individuos a seguir su propio curso, dominar su destino y transformarse. Además de las horas dedicadas al trabajo &#8211; que han aumentado de forma drástica-, nos vemos obligados a trabajar constantemente en nosotros mismos para no perder competitividad en el mercado laboral. Enel lugar de trabajo, se espera de nosotros que nos dediquemos a la formación constante de cara a nuevos tipos de tareas, mantengamos un aspecto juvenil y vital, y no cejemos en la búsqueda de nuestra auténtica vocación.Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la de seguir cierta senda que seguía todo el mundo. Hace sólo un par de décadas, el transcurrir de una vida típica era mucho más sencilla que hoy. La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones.</p>
<p>La automejora es percibida como la forma de luchar contra la inseguridad económica. Como señala Stephen Covey, autor de importantes libros de autoayuda (Primero, lo primero;Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva),ya no basta hoy con estar casado o tener empleo, hay que ser casable y empleable.Por lo tanto, trabajar en el propio yo es el imperativo último para quien espera no quedar excluido de las redes sociales y seguir prosperando en el mercado laboral y matrimonial.</p>
<p>En un momento en que muchos países experimentan grandes cambios en los sistemas sanitarios, no sorprende que la ideología de trabajar en uno mismo haya adquirido vastas proporciones. Las revistas populares parecen competir en la oferta de consejos sobre cómo emprender esa interminable tarea en uno mismo. Supongo que la mayoría de quienes los siguen quedan completamente agotados por el esfuerzo constante aplicado sobre su vida. El trabajo relativo a la cura del propio cuerpo se ha convertido el tema del día. Da la impresión de que la idea del hágalo usted mismo,que ha dominado nuestra percepción sobre cómo mantener una casa y no recurrir a operarios cuando hay que arreglar algo, se ha introducido en nuestra concepción de la medicina. En lugar de llamar a un fontanero cuando hay un escape en alguna cañería, me compro un libro para hacerlo solo. Y en vez de ir al médico cuando me duele algo, busco remedios para curarme solo. Dado que actúa como inversor, fontanero, médico y presidente de su propia vida, la persona parece a punto del colapso por agotamiento. No es de extrañar que el estrés sea el culpable último de las enfermedades contemporáneas. El sujeto acaba por percibirse como culpable si le ocurre algo malo. Como el empleado que se siente culpable por perder su trabajo (ya que no ha sido lo bastante flexible para empezar a buscar uno nuevo antes del fin del anterior), una persona enferma se siente culpable por no haber impedido la enfermedad trabajando más sobre su cuerpo. Decimos incluso de alguien que es un buen gestor de la ansiedad. Y, si una enfermedad no mejora, tenemos que sentirnos culpables de nuevo por haber fallado en otra tarea, la autocuración. Desde luego, el yo queda agotado con todas estas obligaciones. Y no es casual que la ideología de la autocuración arraigue justo en una época en que las políticas sanitarias oficiales se abren cada vez más a la privatización del sistema público de salud.</p>
<p>La paradoja radica también en que la creencia en la idea de que uno tiene capacidad de elección total sobre la vida suele ir acompañada de la búsqueda de poderes externos que nos guíen en la vida. En relación con la salud, la ideología de la autocuración está a veces muy unida a una percepción bastante irracional de las enfermedades.</p>
<p>Un antropólogo británico que padeció un cáncer hace un par de años decidió realizar un pequeño estudio antropológico en el hospital y preguntó a otros pacientes cómo percibían su dolencia. Quedó muy sorprendido de la rapidez con que las personas adoptan diversas formas de pensamiento mágico cuando enferman. Un paciente muy culto, por ejemplo, creía que podría deshacerse del cáncer de intestino si conseguía defecar. Otro paciente intentaba matar las células cancerosas bebiendo su orina. Y un tercero esperaba limpiarse el cuerpo del tumor intentando imaginar que no existía. También en el pasado la respuesta de las personas a la enfermedad ha seguido caminos mágicos. Los virus, como la peste o incluso el VIH, se han percibido como castigos divinos, y la lucha contra ellos ha incluido a menudo rituales purificadores. En algunas partes de África, existe hoy la creencia de que puede uno curarse del sida manteniendo relaciones sexuales con una virgen.</p>
<p>Incluso en las relaciones amorosas, las personas perciben hoy que tienen libertad total para elegir una compañía más perfecta, pero a la vez se fijan en el signo del zodíaco bajo el que ha nacido una posible pareja. Esta búsqueda de un poder superior que es el que decide cuando al mismo tiempo nos enfrentamos a la libertad de elección no constituye ninguna sorpresa. Cuando sentimos ansiedad (no por lo que podríamos ganar, sino perder), a menudo buscamos a alguien que decida por nosotros. Una figura religiosa, un curandero o incluso alguien que lea horóscopos pueden ser percibidos como una autoridad capaz de aplacar nuestro desasosiego. El capitalismo fomenta por un lado la libertad de elección y por otro promueve la identificación con todo tipo de nuevos líderes.</p>
<p>En relación con las ansiedades que afectan a la salud, por ejemplo, el Ministerio de Sanidad canadiense ha descubierto que el control de la ansiedad generada por la injusticia social resulta básico a la hora de lograr que las personas se sientan más sanas. Tras realizar estudios sobre los efectos que padece la sociedad con los cambios del sistema sanitario, los canadienses decidieron realizar en su sistema algunas intervenciones de importancia. En primer lugar, decidieron reorganizar las listas de espera hospitalarias. Un estudio puso de manifiesto que las autoridades sanitarias no debían dejar las listas de espera de las operaciones quirúrgicas en manos de los médicos, puesto que éstos no solían ser demasiado honestos al manejarlas. A menudo mantenían largas listas para asegurarse de tener suficientes pacientes en el futuro; unas listas largas mostraban que una persona era respetada y podían reportar más dinero. Según se descubrió, cuando las personas son colocadas en listas sin tener confianza en su correcta gestión y sin saber si serán operadas en un plazo concreto, sus síntomas suelen empeorar con la espera. Si, por el contrario, los pacientes saben que el sistema es justo, que las listas se gestionan de forma honesta y que nadie se colará a menos que se trate de una emergencia, suelen soportar bien la espera sin un aumento de los síntomas. Además de la confianza en las listas, lo que ayuda a mantener atajada la ansiedad es la realización de chequeos periódicos, la presencia de alguien que prepare al paciente para la operación, así como la convicción de que si se produce un empeoramiento será posible adelantar la intervención. Cuando, como consecuencia de estas observaciones, los canadienses crearon una autoridad local independiente para gestionar esas listas y más tarde éstas se colgaron en internet, la espera de las operaciones quirúrgicas se hizo mucho menos traumática para los pacientes, y su bienestar mejoró de forma considerable durante el tiempo de espera. En segundo lugar, se descubrió que los canadienses se sienten orgullosos de su país por tener un sistema sanitario que funciona. En su percepción, creían que el sistema público de salud de Canadá hacía que su sociedad fuera mejor que la de EE. UU. En tercer lugar, los políticos canadienses lograron convencer a las empresas de que el sistema público de salud les aumentaba los beneficios. A diferencia de las compañías de Estados Unidos que pagan el seguro de enfermedad de sus empleados (y se trata de un país donde quien cambia de trabajo se preocupa mucho del tipo de beneficios sanitarios que obtendrá), en Canadá las empresas y los empleados no padecen semejante ansiedad.En una época en que las personas pueden imaginar todo tipo de catástrofes sociales, económicas y personales, la ansiedad está al orden del día. La ideología que promueve la idea de que la vida debe abordarse como si fuera una empresa sobre cuyos aspectos decide uno corre pareja con la pérdida individual de la posibilidad de incidir en el desarrollo social y político de la sociedad en la que se vive. Cuando una ideología nueva aparece con fuerza (como es el caso de la relativa a la autocuración), aparece también la urgente necesidad de hacer una pausa y pensar por quién doblan las campanas. </p>
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		<title>Sobre mi (extraído de &#8220;From the Thunder and the Storm&#8221;)</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2008 18:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A Rafa (en twitter @rkornhauser) lo encontré por casualidad. En la herramienta de blogs de Facebook apareció en el apartado &#8220;blogs que se parecen al tuyo&#8221;. Así que me picó la curiosidad. Y le visité en su blog &#8220;From the thunder and the storm&#8221;, cuyo título ya me pareció que sí, que aquel blog y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>A Rafa (en twitter @rkornhauser) lo encontré por casualidad. En la herramienta de blogs de Facebook apareció en el apartado &#8220;blogs que se parecen al tuyo&#8221;. Así que me picó la curiosidad. Y le visité en su blog <a href="http://fugeinrot.blogspot.com">&#8220;From the thunder and the storm&#8221;</a>, cuyo título ya me pareció que sí, que aquel blog y el mio tenían semejanzas, probablemente porque Rafa y yo tengamos alguna semejanza, vayan ustedes a saber.</p>
<p>Desde entonces lo tengo en mi lector de RSS y le voy leyendo. La entrada de hoy me ha gustado. Hasta el extremo de que la añado en la parte de aportaciones, porque hoy Rafa me ha aportado algo. Juzguen ustedes, y si les gusta, ya saben donde está la casa virtual de Rafa. </em></p>
<p><strong>Sobre mi</strong> <em>(extraído del blog &#8220;From the Thunder and the Storm&#8221; de Rafa)</em></p>
<p>Tengo tres grandes miedos:</p>
<p>   1. Sentirme ridículo al hacer cosas que me gustan<br />
   2. No ser bueno en lo quiero hacer<br />
   3. Hacer lo que quiero hacer.</p>
<p>Creo que esos tres miedos han dictado todo lo que no he hecho de mi vida. Vaya, las tres cosas que más me gustan en la vida son: la literatura, la pintura y la música. ¿Qué he hecho por ellas? Bueno, bastante, aunque he sido más bien un receptor, un creador pasivo. He intentado crear mis propias obras, tengo muchos poemas malos, cuentos incompletos y una idea atorada en el cogote que no me deja tranquilo y lo peor, no tengo idea de como sacarla.</p>
<p>Mi vida adolescente-adulta ha consistido en una gran lucha contra esos tres. La lucha ha sido de muchas formas, pero hasta ahora he encontrado la forma adecuada de vencerlos, y es precisamente atacando el punto 3. Una vez superado ese, los otros dos parecen ridículos.</p>
<p>El miedo de sentirme ridículo a hacer lo que me gusta va desde escribir en este blog, hasta los videojuegos, los dibujos que hago y todo lo que tenga que ver con mi identidad.</p>
<p>El miedo a no ser bueno en lo que quiero hacer es el más falaz de todos, por el simple hecho de que no me he comprometido con ello; si soy malo, debería intentar otras cosas. Solía pensar que en mi vida no debería haber fallos, ni segundas oportunidades. Me encontré fallando tantas veces, dando y recibiendo segundas oportunidades que era absurdo seguir creyendo eso. Después me sumí en el mundo de las posibilidades y me perdí, la posibilidad es una tormenta y se necesita ser héroe para llegar a puerto seguro. Me gusta jugar al héroe aunque muy pocas veces he sido uno.</p>
<p>Hacer lo que quiero hacer es la suma de todos los miedos, no tengo necesidad de hacerlos, es más como un impulso liberador. Podría quedarme donde estoy, no estoy mal, pero cada día que pasa siento que se acerca el momento de decidir. Soy malo, terrible, para tomar decisiones y no en el sentido de ganancia-pérdida, simplemente me cuesta trabajo tomar partido, definirme.</p>
<p>Llegará el día en el que escriba sobre las cosas que hice y no sobre las que quiero hacer.</p>
<p>¡Ah, sí! Feliz Navidad y todo eso.</p>
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		<title>Cuando Harry encontró a Sally, el remake del Dr. J.</title>
		<link>http://www.sonoftechnology.net/2008/12/cuando-harry-encontro-a-sally-el-remake-del-dr-j/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2008 08:03:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi buen amigo y contertulio Dr. J. (http://bcnblues.wordpress.com , twitter @jordisoler, facebook:Jordi Soler) nos deleita con un remake de &#8220;Cuando Harry encontró a Sally&#8221;, pero, lástima, sin escena del orgasmo en el bar. Claro, es hombre, como dice en aquellos momentos Meg Ryan. Blog de Jordi Soler: Amistades Interasadas Nuevamente, el Friendfeed de Derrick generando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi buen amigo y contertulio Dr. J. (<a href="http://bcnblues.wordpress.com">http://bcnblues.wordpress.com</a> , twitter @jordisoler, facebook:Jordi Soler) nos deleita con un remake de &#8220;Cuando Harry encontró a Sally&#8221;, pero, lástima, sin escena del orgasmo en el bar. Claro, es hombre, como dice en aquellos momentos Meg Ryan.</p>
<p>Blog de Jordi Soler:</p>
<p><strong>Amistades Interasadas</strong></p>
<p>Nuevamente, <a href="http://friendfeed.com/e/6cecf99e-f54b-4eaa-a250-aed447a1cf8b/Do-you-think-it-is-possible-for-two-people-to-be">el Friendfeed de Derrick</a> generando debate: ¿es posible que dos personas sean sólo amigos cuando una está enamorada de la otra? Siempre he creído que una relación así es exactamente idéntica a una basada en el mero interés. Claramente, uno de los dos se relaciona con el otro en gran parte porque le flaquean las piernas cuando lo ve. De no ser así, difícilmente la relación se mantendría con la misma intensidad, luego la respuesta sería no. Es como si alguien se casa por dinero: cuando vuela la pasta, el matrimonio se viene abajo pues ya no hay razón para mantenerlo. Harry y Sally se pasaron una hora y media de película (y varios años de su vida) para darse cuenta de una cosa tan obvia, y el final de la historia corroboraba la tesis (para este viaje no hacían falta tantas alforjas, digo yo).</p>
<p>Personalmente no entiendo que haya quien aún lo dude, dado que si se lo plantean objetivamente se darán cuenta de que siempre llega un punto en el que el enamorado se lanzará a por su presa y sucederá una de estas dos cosas: a)será rechazado, luego la amistad se va al garete, o b)el sentimiento es mutuo, luego la amistad se convierte en otra cosa. Puede ocurrir también que el objeto del deseo se líe con un tercero y entonces volveremos al punto a), básicamente porque el enamorado perderá el interés o el otro empezará a pensar que es un plasta que le resta tiempo para estar con el tercero en discordia.</p>
<p>No sé, a lo mejor yo soy demasiado radical, pero como dice uno de los comentaristas del enlace, se trata de una pregunta que ya tiene la respuesta en su interior. Ustedes, ¿cómo lo ven?</p>
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		<title>Salinas y el General Fórceps</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Dec 2008 13:08:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Fórceps]]></category>
		<category><![CDATA[Homenaje]]></category>
		<category><![CDATA[Pérdida]]></category>
		<category><![CDATA[Salinas]]></category>
		<category><![CDATA[Xavi]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos mundos cibernéticos en los que nos movemos nos encontramos con gente de muchos tipos. En el YOYA disfrutamos de un elemento ácido, perspicaz y un verdadero crack. Quizás demasiada coca ha pasado por sus tabiques nasales, pero no por ello deja en ocasiones de ser brillante. Es Fórceps. Pero como les pasa a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estos mundos cibernéticos en los que nos movemos nos encontramos con gente de muchos tipos. En el YOYA disfrutamos de un elemento ácido, perspicaz y un verdadero crack. Quizás demasiada coca ha pasado por sus tabiques nasales, pero no por ello deja en ocasiones de ser brillante. Es Fórceps.</p>
<p>Pero como les pasa a la mayoría de estos cracks ácidos, son como Rick Blaine, el de Casablanca. En el fondo un sentimental. Lo pueden ustedes seguir <a href="http://generalforceps.blogspot.com">aquí</a>.</p>
<p><a href="http://generalforceps.blogspot.com/2008/12/salinas.html">Hoy, &#8220;Rick Fórceps&#8221;, muestra su lado humano</a>. Ha perdido a una persona relativamente querida, quizás ha perdido a un referente que le llevaba a sus años de adolescente inconsciente, esos años que todos hemos pasado. En homenaje al gran Fórceps y a alguien que no conozco vaya esta aportación.</p>
<p><strong>Salinas</strong></p>
<p>De pequeños nos tenía acojonados. Entrábamos tímidamente a por un Burmar-Flax, 5 pelas, y él nos lo tiraba sobre la barra sin si quiera miranos. Infundía un respeto fantasmagórico a los niños.</p>
<p>Luego empezamos a pasar más y más horas en su bar. Apoyábamos las bicicletas en el muro lateral y tomábamos Coca-Colas mientras echábamos unas chapillas al Commando de Capcom. En esa época, principios de los 80s, hice la primera pela. Él nos contrataba para seleccionar las botellas vacías de un macro-container y ponerlas en las respectivas caja de plástico. Por 500 pelas -suma FORTÍSIMA en la época-.</p>
<p>Sí, tendríamos 10 o 13 años. Ahí, en verano, cada noche ponía un clásico que alquilaba de los por entonces florecientes video-clubs. Ahí vi Acorralado, Rambo, Rocky III y tantos y tantos clásicos de acción de los 80&#8242;s por primera vez. Cuando terminaba la peli nos echaba del bar, haciendo gala de unas maneras tan toscas que trascendían lo bruto para convertirse en afectuoso.</p>
<p>Algunos años más tarde, cuando terminaba el film clásico y el bar se vaciaba, sólo quedábamos él y mi cuadrilla, los niñitos de Barcelona que íbamos a dormir más tarde que los locales. Fue por esa época cuando aprovechando el plato a Astra -apenas habría una docena en toda España- nos ponía sucias pelis porno alemanas que captaba de RTL para nuestro goce y disfrute. Luego agarrábamos la bici y para casa, con un sonrisón.</p>
<p>Y las primeras tajas. &#8220;Xavi, un tubo&#8221;, &#8220;Xavi, cuba-libre&#8221; y tal. Sí, con la adolescencia estábamos abonados a su casa. A jugar a la butifarra, a mirar el fútbol (inolvidable 3-4 en el aun Luís Casanova o el 5-4 al Atleti con Romario) y a reunirnos en general. Era la casa del pueblo, nuestro segundo hogar, y él en cierta manera era pilar fundamental de nuestras vidas y veranos.</p>
<p>Su interpretación del servicio al cliente podría ser clasificada de hispánica-radical. Los clientes, en general, le enervaban y disgustaban. Jamás recibió a nadie con los brazos abiertos, pero más que ser un tio agrio era simplemente sincero. Ya tenía todo el dinero que se podía gastar y más, buena família, y él lo que quería era mirar la tele o charlar en la barra. Cuando le entraba gente al restaurante ponía esa mirada de miura entes de embestir.</p>
<p>En una ocasión, ibamos la cuadrilla por una carretera oscura a 200 metros del bar. Encontramos un mini aparcado y lo volcábamos, éramos un puñado de niños, figúrense a los 13 o 15 años. Pues eso: lo volcamos sin motivo aparente, directamente nos dirigimos al bar, nos ve entrar y nos suelta &#8220;Què collons foteu volcant cotxes?&#8221;.</p>
<p>En otra, era el dia del solteros contra casados. Los solteros, de amarillo, eran 30, esperando para jugar, mientras que los casados, de rojo, apenas llegaban a 10 y andaban todos desfondados. Me enfundé la zamarra roja de los casados y entré como un toraco, a mis 15 años y con todas las chatis del pueblo en la grada. Él era el central de los casados. Me mira y me dice &#8220;Que estàs casat tú?&#8221;. &#8220;No&#8221;. &#8220;Doncs fot lo camp, mecagon lo déu quem va parir&#8221;. Y me mandó a la caseta sin haber tocado un balón.</p>
<p>Cuentan que un dia, yendo a por setas con su Patrol y a 15 Kms del pueblo, alguna roca dio en los bajos y el coche palmó. Sacó los cestos del maletero, desfrenó el coche y lo despeñó del cabreo. Se personaría al pueblo al cabo de varias horas blasfemando de forma notoria y alarmante, más aun en un pueblo.</p>
<p>Y tambien cuentan que el dia que su esposa le besó por primera vez, en un restaurante, se desmayó al instante.</p>
<p>Cuando jugaba el Barça se ponía frenético cuando le pedían algo, a pesar de estar detrás de la barra. Los que le conocíamos sabíamos esperar a algún lesionado o tangana para pedir, sinó igual te soltaba un moco. Cuando el partido iba mal, incluso cuando iba bien, era frecuente oir &#8220;Lo Salinas, collons, aquest Ronaldo no é ningú, mecagom lo déu, lo bò é lo Salinas&#8221;. Aparentemente siempre hablaba en serio, pero en este caso lo dudo. Aun así, hasta hace bien poco, el nombre de Salinas seguía siendo coreado en ese bar y en ningún otro.</p>
<p>Xavi, su bar, sus mesas, sus colillas por el suelo, su tele a toda tralla, su gente en la barra, su mesa de billar y su futbolín forman ya parte de la historia de mi pueblo. Y de la mia propia.</p>
<p>Se fue el Martes.<br />
Ya nada volverá a ser igual. El presente es este post de homenaje a nuestro Xavi, a su mujer y a sus tres hijos, y el futuro será un pueblo sin Xavi, lo cual lo hace ya bastante peor que el pasado.</p>
<p>Descansa en paz, Xavi. El bueno siempre fue Salinas, y eso nunca cambiará.</p>
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		<title>Zero. Es malo sufrir, es bueno haber sufrido</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2008 07:52:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cero]]></category>
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		<description><![CDATA[Cero. Es malo sufrir, es bueno haber sufrido (por Andrés Trapiello). Es una de las frases más bellas y más verdaderas que se hayan escrito nunca. Si uno fuese un caballero de la Tabla Redonda la haría poner en el escudo para consuelo propio, y la pasearía por el mundo, desde Escocia a Tierra Santa, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cero. Es malo sufrir, es bueno haber sufrido (por Andrés Trapiello).<br />
</strong><br />
Es una de las frases más bellas y más verdaderas que se hayan escrito nunca. Si uno fuese un caballero de la Tabla Redonda la haría poner en el escudo para consuelo propio, y la pasearía por el mundo, desde Escocia a Tierra Santa, para admiración y edificación de los pobres hombres. En realidad la escribió San Agustín, aunque la reescribió Nietzsche. Los que sufren suelen siempre hablar de lo mismo y casi siempre con las mismas palabras, por eso pueden dos personas tan diferentes como ellos haber concebido algo tan parecido. La frase de san Agustín decía:&#8221;Es malo sufrir, pero es bueno haber sufrido&#8221;, y la de Nietzsche:&#8221;Todo lo que no acaba conmigo me hace más fuerte&#8221;. La idea de que los hombres nos hacemos mejores en las adversidades no sólo es antigua, sino muy cierta, pero hay que tener presente siempre que si algo es relativo es la propia naturaleza de la adversidad. ¿No habéis visto llorar a un niño, con cuánto desconsuelo, porqué no alcanza a realizar una pequeña cosa? Cuando era muchacho recuerdo aquellos días de los exámenes finales o de reválida. Da un poco de vergüenza recordar como toda adversidad unos exámenes finales, pero uno ha llevado siempre una vida absurda y sin brillo. Vivía entonces en una inquietud perpetua, en un desasosiego improductivo, dedicándole al estudio doce o catorce horas diarias, de una intensidad sublime y patética, como si en cada tema o lección pusiéramos la pasión de un actor secundario al que le dan la oportunidad de interpretar el monólogo de Hamlet. Un día, camino de uno de aquellos pavorosos ejercicios, recuerdo que iba observando el rostro de la gente con la que me cruzaba, y pensaba: ninguno de todos éstos conoce ni sospecha mi angustia, todos son ajenos a mi sufrimiento y mi inquietud. Entonces consideraba, para sosegarme, que mi dolor no podía ser tan importante puesto que le era ajeno a todos. Cuando salía del examen en mí se había producido ya un cambio sensible puesto que para entonces ya conocía si me había salido mal o bien, pero la gente seguia en aquel punto anterior, de indiferencia y distancia. Volví a experimentar algo parecido hace uno o dos años, una tarde, al volver de la consulta de un médico. Llevaba en la mano un sobre grande, de color marrón, con la ecografía que acababan de hacerme. El ecógrafo, con ese tacto tan fino que caracteriza a algunos médicos, no me había dicho nada, si estaba sano o si me iba a morir en tres o cuatro meses. Me había dicho sólo:&#8221;Ya se lo dirá su médico&#8221;. Allí estaba yo, en el metro, camino de mi casa, aniquilado, con aquel sobre en el que no podía leer nada, desentrañando el sentido de aquella frase desoladora y brutal, mirando a la gente, que, indiferente a mi congoja, estaba pendiente sólo de la estación a la que íbamos llegando, para salir huyendo. Fue cuando empecé a suponer que quizá todo el mundo llevara en ese momento una radiografía o algún fatal diagnóstico en la cartera que les impedía atender a mi dolor, o que marchaban hacia exámenes de verdad, no como aquellos míos de la juventud, sino hacia humillaciones dolorosas, o vidas sin esperanza, o amores irreparablemente rotos en guaridas inhóspitas, en habitáculos sofocantes. Ha pasado el tiempo. No creo que la adversidad le haya hecho a uno mejor ni más fuerte. Quizá sí o quizá no. Quién sabe esas cosas y, sobre todo, ¿para qué serviría saberlas? A veces, no obstante, en un vagón de metro, en el autobús, al cruzar una calle, en la barra de un bar, tropiezan dos miradas llenas de angustia. Pero cosa curiosa: la suma de adversidades produce a veces un misterioso coraje, casi alegre y terrible, el que nos lleva a seguir viviendo, a no pensar en el dolor, a imaginar que nada acabará con esa fe que sólo pone uno al empezar de cero.</p>
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		<title>Lo siento, pero alguien te lo tenía que decir.</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 14:13:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zero Kelvin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportaciones]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>

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		<description><![CDATA[Naciste hace ya mucho tiempo en una familia relativamente acomodada. Aunque alguna vez te pudo parecer lo contrario, en realidad nunca te faltó de nada. Eres de los que cuando empiezan a comer piensan que tienen hambre, pero lo cierto es que el hambre es una sensación que no has conocido jamás. Y no es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Naciste hace ya mucho tiempo en una familia relativamente acomodada. Aunque alguna vez te pudo parecer lo contrario, en realidad nunca te faltó de nada. Eres de los que cuando empiezan a comer piensan que tienen hambre, pero lo cierto es que el hambre es una sensación que no has conocido jamás. Y no es la única.</p>
<p>Tu infancia fue relativamente feliz, más que la de la mayoría de tus amigos. Recuerdas los veranos de tu niñez con especial calidez, inmerso en la vida, sin pensar en nada más que en qué sería lo siguiente que ibas a hacer. No te has dado cuenta hasta ahora, pero desde que dejaste la niñez no has hecho sino intentar recuperar esa sensación de sencillamente vivir, ajeno a todas las preocupaciones, uno con el mundo.</p>
<p>Cuando terminó la niñez las cosas empezaron a complicarse. Aparecieron los primeros complejos, y con ellos las primeras frustraciones. Quizá fuera al revés. Fue en esta época cuando nacieron y arraigaron todas las malas hierbas que todavía no has sido capaz de arrancar. Trabajas en ello afanosamente, pero la tarea no parece tener un final. Desde esa época siempre has sido demasiado bajo o demasiado alto, demasiado delgado o demasiado gordo, demasiado listo o demasiado tonto. Siempre has sido demasiado algo.</p>
<p>A pesar de que crees haber acabado con la mayoría de tus complejos, sigues siendo una persona frustrada. Lo peor es que no sabes por qué. Eres inteligente, eres capaz, la gente puede confiar en ti. Sobre todo eres determinado. Cuando se te mete algo entre ceja y ceja te entregas con una pasión desenfrenada, como si ese algo fuera la solución a todos tus problemas, la clave de tu existencia. Sin embargo, al cabo de un tiempo, pasado el chute inicial, la pasión se disipa y te encuentras de nuevo en el mismo lugar, las manos vacías, la mirada perdida y una sensación de desánimo de la que sólo te conseguirás librar cuando encuentres el próximo chute. Y hasta entonces lo que haces es salir a dar vueltas por tu mundo interior preguntándole a la vida qué te puede vender ahora. La vida siempre te termina vendiendo algo, pero cada vez es más caro y de peor calidad. Y te está dejando hecho una mierda.</p>
<p>Te cuesta dormir. Joder, eso sobre todo. Pasas tantas horas en la cama como puedes pero te encuentras siempre agotado. Es una extraña sensación. Si lo piensas, no puedes recordar cuándo fue la última vez que te levantaste verdaderamente entero. Cuando te acuestas por las noches tu mente empieza a traerte imágenes. Son cosas que te gustaría hacer pero no puedes, o cosas que has hecho mal y que ahora tu cabeza trae de vuelta para que sepas lo poco que vales. El tiempo pasa y la función se acelera y al final hace el ruido de una locomotora. Cuando te consigues dormir no es porque tu cuerpo esté cansado, sino porque llega un momento en que el zumbido de tu mente es tan insoportable que terminas por perder la consciencia de puro agotamiento. Horas después, suena la alarma y te preguntas por qué tienes que levantarte y si lo que vas a hacer hoy de verdad tiene algún sentido. La respuesta te instala una desagradable presión en la boca del estómago, esa misma presión que estás sintiendo mientras lees esto.</p>
<p>Durante el día haces lo que podrías llamar tus obligaciones. Quizá estudias, quizá trabajas. No sabes muy bien por qué lo haces. En realidad no puedes decir que te apasione. Pasas la mayor parte de tu tiempo así porque no crees que tengas una alternativa, pero si pudieras elegir estarías en cualquier otra parte. De hecho, ya estás en otra parte. Te cuesta horrores concentrarte en lo que se supone que tienes que hacer. A los pocos segundos tu mente se encuentra en otro lugar, pensando y haciendo otras cosas. Tu cuerpo y tu espíritu pasan la mayor parte del día separados, y algo te dice que no debería ser así. Pero es tan difícil salir de donde estás. Miras a tu alrededor y te consuelas. Casi nadie tiene pinta de estar contento, así que por lo menos no estás solo. De hecho, a tu alrededor todo el mundo está bastante más jodido que tú, y este mísero pensamiento es lo único que alegra tu amarga existencia.</p>
<p>Eres una persona inteligente. Quizá no la más inteligente de tu entorno pero sí en un lugar destacado. A veces tienes tus momentos brillantes, y te gusta. Pero te has dado cuenta de que en cuanto asomas un poco la cabeza te llevas un martillazo, y es una sensación tan desagradable que has optado por adaptarte a la mediocridad que te rodea. La aceptación es una sensación reconfortante, pero sabes que estás desperdiciando tu potencial y ese pensamiento te come por dentro. En el fondo tampoco lo has hecho tan mal. Siempre tomaste las decisiones acertadas y, cuando no lo hiciste, el destino fue benévolo contigo. Podrías incluso decir que vives en el mejor de los mundos posibles. Hay que joderse.</p>
<p>Al llegar a casa lo único que te apetece hacer es rellenar sudokus, o jugar a la consola, o leer libros. O ver la tele, sí. Vivir la vida de los demás, ver a otros haciendo todo lo que a ti te gustaría pero no puedes. Sería perfecto si no fuera por la desagradable sensación que el diccionario define como envidia. En cualquier caso, cualquier cosa es mejor que tener que estar contigo mismo. Mejor eso que tener que escucharte.</p>
<p>Ni siquiera puedes estar contigo mismo.</p>
<p>Y así pasan los días. No sabes muy bien adónde vas, y por eso sencillamente te dejas llevar. No tomas decisiones. No sabes si tienes miedo o si simplemente no crees que valga la pena. Después de todo, el futuro ya está hecho: te casarás, tendrás hijos, trabajarás para alguien hasta los 70 años y pagarás tu hipoteca como todo el mundo. Luego te jubilarás para darte cuenta de que te has perdido lo mejor de la vida, y más tarde, amargado, te limitarás a esperar una muerte que te inspira un miedo terrible. A lo mejor por eso te gustaría quedarte en la cama todas las mañanas, porque no hay ningún lugar adonde ir, porque el futuro ya está hecho.</p>
<p>Y mientras piensas en todo esto la vida te pasa por encima. No tienes ilusiones, no tienes ganas de nada, sólo das tumbos como el canto rodado que baja rebotando por el lecho del río esperando un día llegar al mar y que dejen de darle por culo. Hasta entonces tendrás que vivir con esa sensación en el fondo de tu alma de que hay algo más, de que mereces más, de que quieres más, de que esta vida tiene truco y que nadie sabe cómo funciona. O lo que es peor: que hay alguien que lo sabe y no lo va a contar.</p>
<p>Y por todo esto, porque en el fondo te conoces muy bien, sabes que cuando termines de leer estas líneas te quedarás con un inmenso vacío y la cara de tonto de los domingos. Y eso jode.</p>
<p>Aunque en esta ocasión, quizá por primera vez, sentirás un regusto de ilusión, una agradable sensación de comunión con todo lo que te rodea. Saboréalo porque, a menos que hoy hagas algo, será la última vez que te sientas vivo.</p>
<p>Lo siento, Andrés, pero alguien te lo tenía que decir.</p>
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