Zero Kelvin

Huellas de unos dedos congelados

Carta sobre los derechos de adaptación de The Catcher In The Rye

By • feb 2nd, 2010 • Category: Entre libros

R.D
Windsor, Vt.
19 de Julio de 1957

Querido Mr. Herbert,

Intentaré contarle cuál es mi actitud frente a los derechos de adaptación al teatro y al cine de El Guardián en el Centeno. Ya he cantado esta canción varias veces, así que si no ve a mi corazón por aquí, trate de ser tolerante… Primero, es posible que algún día los derechos sean vendidos. Dado que hay una siempre amenazante posibilidad de que yo no muera rico, jugueteo seriamente con la idea de dejarles los derechos a mi esposa y mi hija como una especie de seguro de vida. Me daría un placer inmenso; sobre todo, debería agregar rápidamente, porque que no tendré que ver el resultado de la transacción. Sigo repitiéndolo y nadie parece estar de acuerdo, pero El Guardián en el Centeno es una novela muy novelística. Hay “escenas” ya listas –sólo un tonto podría negarlo- pero, para mí, el peso del libro está en la voz del narrador, en sus peculiaridades sin cese, en su personal y en extremo diferencial actitud frente a la actitud del lector-escucha, sus comentarios laterales sobre arcoiris de gasolina en las alcantarillas de las calles, su filosofía o su manera de ver valijas desvencijadas y cajas vacías de pasta de dientes – en un palabra, sus ideas. No puede ser legítimamente apartado de su propia técnica de primera persona. Es verdad, si forzosamente lo apartamos de ella, habrá material de sobra para algo que podríamos llamar una Excitante (o quizás tan solo Interesante) Velada en el Teatro. Pero si bien la idea no me parece del todo odiosa, al menos sí es lo suficientemente odioso tener que impedir se vendan los derechos. Muchas de sus ideas, claro, podrían ser volcadas al diálogo – o a algún tipo de discurrir del flujo de consciencia en la voz de su cabeza- pero volcadas es la palabra exacta. Lo que él, en la novela, piensa y hace tan naturalmente en su soledad, en una puesta en escena llegaría a ser en el mejor de los casos una pseudo-simulación, si es que existe una palabra así (espero que no). Sin hacer mención además, Dios nos ayude, al inconmensurable riesgo de usar actores. ¿Ha visto alguna vez a una niña actriz cruzada de piernas sobre su cama que se vea bien? Estoy seguro que no. Y Holden Caufield mismo, en mi indudablemente parcial opinión, es esencialmente ininterpretable. Un Sensible, Inteligente y Talentoso Actor Joven con Un Impermeable Reversible no sería aún suficiente. Se necesitaría a alguien que tenga X para sacarlo adelante y no hay ningún jovencito que, incluso teniendo X, sepa bien que hacer para lograrlo. Y, debería agregar, no creo además que ningún director pueda contarnos su historia.

Aquí me quedo. Temo decirle, para terminar, que me siento muy firme frente a todo esto, si es que aún no se ha dado cuenta.

Igualmente, gracias por su amistosa y fluida carta. Buena parte de la correspondencia que recibo de productores ha de estar en el infierno.

Sinceramente,

J.D. Salinger

Traducción: Martín Abadía
Nota: la traducción de esta carta se publicó originalmente el 31 de octubre de 2010 en el suplemento cultural “Radar” del diario Página/12

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