Zero Kelvin

Huellas de unos dedos congelados

Nadie

By • sep 6th, 2009 • Category: El congelador

Se levantó de un salto, casi como vemos en las películas que se levantan los vampiros de dentro de los sarcófagos que los contienen. Los ojos permanecían abiertos, pero no parecían ser capaces de enfocar absolutamente nada. Su rostro era humano, pero parecía carente de cualquier atisbo de expresión. Como si aquello fuera un cuerpo vacío, hueco, sin absolutamente nada que encontrar en su interior.

Ni tan siquiera se preocupó en ponerse las viejas zapatillas con las que andaba por su casa, o de vaciar su vejiga después de toda la noche en la cama. Sus pies se pusieron en marcha y caminaron hacia la puerta de su casa. Al llegar a ella sus manos se dirigieron a la cerradura, dieron dos vueltas a la llave que había introducida en ella, y tiraron del picaporte hacia abajo con intención de abrirla.

El rellano estaba despejado. Inició el descenso por las escaleras, apoyando la mano en la barandilla, y sin percibir absolutamente la menor sensación de frio pese a estar en pleno Noviembre e ir sólo con aquel pijama encima. No había vecinos rondando a aquellas horas. No había portero, ni personas de esas que se quedan a dormir al resguardo del portal.

Traspasando el umbral que daba a la calle, un señor ya mayor se le quedó mirando. Quizás, pensó aquel hombre, era un sonámbulo recién levantado en un sueño inadvertidamente viajero. Tal vez dicho señor le fue a decir algo, pero aquel inexpresivo rostro parecía incapaz de percibir el menor de los estímulos sensoriales.

Cruzó la acera con paso firme, pisando despojos de plástico y colillas aplastadas en el adoquinado. Puso un primer pie en la calzada, e inició el cruce de la vía hacia ninguna parte.

El camionero no dio crédito a lo que veía y pisó el freno con decisión.

Andy, advirtió la proximidad de aquel enorme camión. Cuando éste estaba a punto de golpearlo intuyó que, en el mismo momento del contacto, él lo atravesaría, como si fuera algo sin materia, como un ectoplasma fantasmal que atraviesa los tabiques de las casas.

Porque él, Andy, nunca había sido nada para ninguno de sus semejantes. Él era nadie.

El señor mayor gritó, y se acercó al cuerpo extendido en mitad de la calle. Dicen que al morir queda reflejado en los ojos aquello que vimos por última vez. Pero en aquel vulgar iris castaño de Andy no se reflejaba absolutamente nada.

is El último punk que saltó de Putney Bridge
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9 Comentarios »

  1. No me gusta.

  2. A mí sí.

  3. era presumible puesto que lo ha colgado.

  4. Bueno, me pareció que tenía su aquél…

  5. Este Andy es el de el arbolito de las manzanas?

  6. CJC

    No, es el espíritu del que se estampó contra el cartel de La Ballena Alegre hace unos años yendo para Gavá Mar.

  7. Vaya. Pero Andy no era aquél que se quitó de encima a unas teutonas con aquello de “querer mejorar la raza aria”??? Jajaj.

    “Porque él, Andy, nunca había sido nada para ninguno de sus semejantes. Él era nadie.” Y esto ya me lo explicará usted el lunes; me temo que necesitaremos otro café, invito yo.

  8. Sirvi

    Cuando quiera, el lunes complicado, tengo reunión a las 17 del comité, antes de que venga todo el mundo… pero ya me cuenta usted durante la reunión alguna “cosilla en general”. ¿Me llevo las llaves allen, destornillado, martillo y tornillos de métrica 6?

    Andy es aquel que no quiere recordar para no sentir nostalgia, que se lo tengo que explicar todo… por cierto, que ese Andy será, seguramente, el protagonista del último relato del libro…

  9. Perdone pero no le sigo…

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