Las llaves del efímero reino de la locura
By Zero Kelvin • sep 20th, 2009 • Category: El congeladorIn whatever we say we show no emotion (“No Emotion”, Idlewild)
Sentado en el suelo, recostado contra la pared, observo a la gente transitar por la estación, entrando y saliendo de los trenes. Transeúntes que van y vienen, que salen de unos vagones para, en ocasiones, meterse en otros. Hombres ataviados con ropajes locales, turistas que presentan sus inconfundibles sandalias con calcetines blancos, maremágnum de seres humanos que mantienen su nivel de cordura en función de unos cánones que siguen con el fervor de ser como los demás en un mundo uniforme. Ojos que miran pero no ven, y lo que es peor, que no dejan ver dentro de ellos. Almas atrapadas en cuerpos que siguen la rutina. O quizás mi dislocada percepción de la realidad aquí sentado.
Me viene a la memoria aquella noche de Reyes de 1979, el año de la bicicleta, de los contrastes, del fin de la ilusión. Recuerdo que José Manuel Bueno, mi compañero de pupitre, me había dicho que estaba equivocado, que los Reyes eran los padres. Yo no quería creerlo, entre otras cosas porque estaba esperando que la noche del cinco al seis de Enero me dejaran una magnífica bicicleta de color azul y marca BH que había visto en una tienda un día que mis padres me habían llevado a ver juguetes. Así que aquella noche hice que me iba a dormir pronto, pero me mantuve despierto y así vi como mis padres trajinaban con cajas de las que salían juguetes para mi hermano y aquella deseada bicicleta. A la mañana me levanté temprano para ver que aquella bici seguía allí, pero la ilusión no era la misma.
— Sé que los Reyes sois vosotros, me lo explicó el Jose —le dije a mi madre.
—Bueno, pues a partir de ahora, que ya lo sabes, tendrás que ser responsable y no pedir más de lo que puedas tener. Y no se te ocurra abrir la boca delante de tu hermano —me espetó ella.
Nunca un regalo me pareció menos interesante que aquella bicicleta, que tan deseada había sido. Ganar algo a cambio de perder la ilusión, ¡Vaya trato más desfavorable! ¡Y qué lástima que esas lecciones de la vida aparezcan tan pronto que no te permitan aprender de ellas!
Y así como mis ojos de niño resplandecían cuando querían aquella bicicleta, a lo largo de la vida, han brillado por otras razones. Por los pequeños trofeos conseguidos, las metas marcadas y asumidas. Recordar la nota de selectividad que me permitía entrar en Industriales, el primer beso de Sonia, al tribunal del proyecto final de carrera otorgándome un Sobresaliente y dándome el título de Ingeniero. La primera entrevista de trabajo en qué me dijeron si podía empezar el uno de Junio. Pero son tan efímeras esas alegrías, que ahora, muchos años después, sólo permiten extraer de mí una ligera sonrisa de melancolía y tristeza. Porque a una nota de selectividad le siguen tediosos días de clase en la universidad. Porque a un beso de Sonia siguió, tiempo después, una descorazonadora ruptura. O al proyecto final de carrera y la entrevista de trabajo le siguió la rutina del día a día laboral. Y, así, me convertí en alguien como los demás, con ojos que no veían y que, por encima de todo, no debían de ninguna de las maneras dejar entrever lo que llevo dentro.
Sentado en mi rincón de la estación de Delhi pienso en aquellos pequeños momentos de locura, en que deseaba algo con ilusión y sonrío para mí. La gente al pasar me mira con la extrañeza de la ignorancia. “¿Qué hace una occidental vestido con harapos y pidiendo limosna con un plato de cobre en que reposan algunas monedas?” deben pensar. Los tiempos de explicar historias y que te pagaran por ello ya quedaron muy atrás. Si perduraran les explicaría que fui directivo de Siemens, les enseñaría la tarjeta de visita que aún guardo en mi bolsillo y que pone Carlos San Miguel, Business Unit Manager. Que un día salí a buscar la ilusión por el mundo. Que abrí los ojos con la intención de que todo el mundo viera lo que llevaba dentro. Y que ese plato de cobre guarda cada día la esperanza de recoger las suficientes monedas para comprar el billete que me lleve a la siguiente estación. Y que cada mañana, mientras sitúo el plato vacio junto a mí en aquel andén, pienso en que al terminar el día tendré mi regalo, y que, aunque no sea un bicicleta, un beso de Sonia o un trabajo bien remunerado, me permitirá que mis momentos de loca ilusión puedan seguir un día más.
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No le voy a llevar la contraria esta vez; la ilusión debería ser el motor que impulsara nuestras vidas, lamentablemente no es la ilusión sino la consecución del objetivo lo que acaba lconduciendo o no a la felicidad/ satisfacción momentánea…
Y cuando realmente hay ilusión no hay valor para arriesgarse…
Un beso
Yo estoy pensando en pillar una esquizofrenia o cualquier otra locura con tal de seguir teniendo ilusión siempre. Solo los locos mantienen esa ilusión… así que busco la llave de esa locura.
Besazos
La il·lusió es perd al fer-nos grans Peter… tu tranquil.
Saps què faig ara mateix?
Fah
La il·lusió es perd si deixem que es perdi. De vegades posso a la balança el ser madur, i treure’m el meu complexe de Peter Pan o seguir sent un crio gran i mantenir il·lusions. Normalment guanya el primer, o almenys durant molts anys ho ha fet. Però sempre he tingut els meus moments de bogeria on volia que fos lo altre. I ara, cada vegada més, vull ser un boig.
¿Que fas? Doncs a les 6:50 del mati que sembla que has escrit això, entenc que treure’t les leganyes… No vull pensar malament, no se si m’explico.
Se puede tocar de pies en el suelo y mantener ilusiones… faltaría más.
Pero nada… siga usted con su “polvo de hadas” , pero vigile… el efecto no dura siempre, como ya sabrá.
Mo, siempre es un placer recibir sus comentarios cabales, pragmáticos y llenos de la lógica de la razón. No obstante, hasta que no la vea yo a usted con la coraza ligeramente descordada entenderá que, para estos temas, no tenga usted credibilidad para mi. Me sirve con que me tararee “oh minha terra galega” para que empiece a tenerla en cuenta.
Lo dice ud todo, pues si, en esta vida hay pequeños momentos de felicidad, algunos corresponden con ilusiones cumplidas otros vienen de sorpresa y muchos muchos días de problemas y tristezas, La vida es así. Muchos de los problemas los provocamos nosotros mismos.
Y (decía Santa Teresa, creo…) Hay más lagrimas por plegarias atendidas….
Me trae sin cuidado si me tiene en cuenta o no.
Eso es lo que creo y procuro actuar en consecuencia. Hay muchas formas de tomarse la vida, Su postura ante ella es tan válida como la mía.
Y le repito, son maneras diferentes de tener “ilusiones”.