El cuento de la chica de las manos ensangrentadas
By Zero Kelvin • ago 8th, 2009 • Category: El congeladorNever love a wild thing…. He was always lugging home wild things. A hawk with a hurt wing. One time it was a full-grown bobcat with a broken leg. But you can’t give your heart to a wild thing: the more you do, the stronger they get. Until they’re strong enough to run into the woods. Or fly into a tree. Then a taller tree. Then the sky. That’s how you’ll end up…. If you let yourself love a wild thing. You’ll end up looking at the sky. (Breakfast at Tiffany’s, Truman Capote)
El día que aquella chica le partió el corazón se lo dejó hecho añicos. Como queda una de esas fuentes de cristal cuando, por descuido, o por negligencia, se cae desde la encimera para dar con los azulejos del suelo. Pero eran tan diminutos los trozos en que había quedado roto que casi se diría que en lugar de haber caído, aquella fuente, metáfora de algo frágil, había sido arrojada con saña, con verdadero afán de destrucción contra las baldosas. Miles de trozos de cristal esparcidos por todos los rincones de la estancia.
Cuando él se repuso del golpe continuo viviendo, porque es mentira que no se puede vivir sin corazón. Una buena dosis de odio y resentimiento y la bomba puede continuar con sus impulsos. Y así, recogió aquellos trozos, encargándose de no dejarse ninguno, en una pequeña bolsa negra de terciopelo, se la metió en el bolsillo, y continuo su vida haciendo ver que nada había pasado.
Con la mirada perdida y los ojos frios siguió el camino estipulado por entre los bosques de siluetas que a uno le acompañan en la vida. Despacio, muy despacio, pues el tiempo pasa con mucha lentitud cuando lo congelas. Y empezó a ser alguien a quien todos se quedaban mirando. Él, ciego de cualquier otra cosa que no fuera su motor vital oscuro, se exhibía, mostrando con orgullo aquel vacio en el pecho y gritando a diestro y siniestro, “¡fijaos como puedo vivir con este agujero!”. De cuando en cuando se encontraba con alguna otra chica, como aquella que le había roto el corazón, o quizás no, pero a él le daba igual. Entonces sacaba su pequeña bolsa de terciopelo negro y le enseñaba aquellos trozos, diciéndole que eran diamantes. Y aquella chica, y todas las chicas que lo veían, se embobaban, se quedaban absortas ante los reflejos que aquellos diminutos cristales soltaban. Sin darse cuenta que, realmente, lo que hacía brillar aquellos trozos de cristal eran las miradas que ellas mismas emitían al verlos.
El día que Nica vio aquella mirada gélida le dio un vuelco el corazón. Era uno de esos días en que él se exhibia, a pecho descubierto, con su agujero al aire y gritando eso de que quien demonios lo necesita para vivir. Cuando acabó la exhibición ella se acercó y le sonrió, atraída por aquel extraño individuo.
-¿Cómo te llamas? -le inquirió ella
-¿No me conoces? Soy el chico del agujero en el pecho -le contestó él.
-Pero no te llamarás así, tendrás un nombre. Yo soy Nica.
-Pues encantado Nica, pero yo prefiero llamarme así. Igual que los indios del oeste, que tenían nombres como Nube Gris, Toro Sentado -divagó él dando rienda suelta a la imaginación-. Pues yo soy el chico del agujero en el pecho.
-Y chico del agujero en el pecho -prosiguió ella-, ¿cómo fue que tienes ese agujero? ¿naciste con él? ¿alguién te quitó el trozo que te falta?
-No, Nica, se cayó al suelo y se rompió el mil pedazos.
Y así Nica siguió interrogando, llena de curiosidad, por aquella parte ausente de él. Y a cada respuesta del chico ella le sonreía más y más. Le daba mucha pena aquel agujero puesto allí, en mitad del pecho, y que le convertían en casi un monstruo. Y de buena gana se hubiera quitado un trozo de sí misma para tapar aquel hueco que él exhibia sin pudor. Él, viendo como ella le miraba, le preguntó,
-¿Quieres que te enseñe los pedazos?
-¿Guardas los pedazos? ¿Los recogiste del suelo? Sí, sí, déjamelos ver -le contestó Nica.
El chico se sentó en el bordillo de la acera, sacó su bolsa de terciopelo negro, y abocó aquellos diminutos trozos sobre el bordillo, con mucho cuidado para que ninguno de ellos se esparciera lejos de él.
-¿Ves? Son diamantes
Ella observó aquellos trocitos fascinada, y el brillo de aquella mirada se reflejó en ellos hasta el punto que directamente la deslumbraron y una pequeña lágrima le cayó por la mejilla.
-Son preciosos -se atrevió a decir-. Pero ¿estos son los trozos de tu agujero?
-Sí, cuando cayó al suelo se convirtió en estos trozos -le dijo él
-¿Y me dejarás volver a verlos mañana?
-Bueno, si estoy aquí, te dejaré volver a verlos mañana.
Y así, Nica volvió al día siguiente, después del show del chico con el agujero en el pecho, y él le volvió a enseñar el contenido de aquella pequeña bolsita de terciopelo.
-¿Me dejas tocarlos? -le preguntó ella.
-¿Por qué quieres tocarlos?
-Porque si son tus pedazos quizás se puedan recomponer.
El chico, viendo la mirada de ternura de Nica no supo decirle que no. En él albergaban todavía muchas reticencias, porque ya había visto aquellas miradas de ternura antes, cuando el agujero no existía, y conocía que muchas veces no es oro todo lo que reluce. Pero Nica cogió aquel rompecabezas de guijarros brillantes y empezó a buscar trozos que encajaran con otros trozos. Sus pequeños dedos, a veces, encontraban los filos del cristal, y pronto aquellas manos de porcelana se tiñeron de pequeñas heridas y del rojo de la sangre emanada de las mismas. Pero con decisión firme ella seguía recomponiendo aquel pedazo grande que debía tapar el agujero a base de ir uniendo los pequeños con sus dedos y sus sonrisas.
El chico extasiado con el hacer de Nica, dejó que ella siguiera con su puzzle de vidrio sin darse cuenta de que ella iba avanzando y de que su propia mirada, a medida que esto ocurría, perdía la gelidez con que se enfrentaba al resto del mundo. De repente Nica le pidió que cerrara los ojos y mientras él obedecía le colocó el puzzle totalmente terminado en su sitio y le dio un beso.
Sorprendido, el chico se miró, y al ver que aquel agujero estaba tapado, le gritó
-¿Qué has hecho? ¿Ahora ya nadie me mirará porque ya soy como los demás? y salió corriendo lejos, muy lejos de allí, recompuesto y sin saber que hacer ahora que era como todos los otros.
Él jamás supo que al salir corriendo Nica perdió un trozo de su pecho que cayó contra el bordillo de aquella acera. El trozo rodó lentamente calle abajo hasta encontrar una boca de alcantarilla y por ella descendió a lo más profundo de la ciudad. Envió ese trozo de ella a las fétidas aguas residuales, en un simil de su propia miseria, al no darse cuenta de que para Nica él jamás había sido como los otros. Con lágrimas en los ojos y las manos ensangrentadas, Nica se levantó de la acera y con la calidez de sus ojos que nunca se perdió, salió en busca de su trozo perdido. Y mirando a lo lejos al chico sonrió con los ojos brillantes y, por un momento, el pecho del chico reflejó un destello. Un destello fugaz antes de volver a apagarse. Porque no se puede esperar nada de quien el corazón se le parte en trozos tan pequeños, ya que por mucho que nos quieran enseñar diamantes, éstos son duros y preciosos, y jamás se rompen, solo se caen, se pierden o se extravían. Son aquellas cosas sin ningún valor como el vidrio de un plato, barato y vulgar, las que se rompen frágilmente.
Y eso os lo asegura alguien que hace tiempo que el agujero le copa todo el pecho y que hasta perdió la bolsa de terciopelo en que guardaba su vulgaridad intentando vender su contenido como piedras preciosas.
Zero Kelvin is El último punk que saltó de Putney Bridge
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Le leo mañana… hoy no es un buen día.
¿Está usted bien?
sí… de vuelta a la tierra. Sólo eso.
Con permiso ZK.
Un beso Morgana.
Me encantó su relato, amigo Kelvin.
Pese a todo, siempre es bueno que hayan mujeres como Nica.
Gracias, Hache.
Es un pequeño cuento, más que un relato. Bueno así lo he enfocado.
Las chicas como Nica son lo mejor. Aunque para que haya chicas como Nica tiene que haber chicos con agujeros en el pecho. Y para que éstos existan también hay chicas que no son como Nica…
Lo peor somos las chicas que, queriendo ser como Nica, no hacemos más que agujeros en el pecho de alguien que sí guarda diamantes en su interior.
No se preocupe usted; le tendré al tanto de mis andanzas. Aunque lo mismo, allá donde voy no hay conexión a internet y tardo un poco en dar señales de vida (todo depende de si tiro mi corazón por la alcantarilla y echo a correr o me quedo a rellenar algún agujero).
Un abrazo.
Bueno, Sirvi, también estamos los que vendemos como diamantes lo que sólo es cristal… No creas que somos mucho mejores…
Usted es chica de rellenar huecos… aunque se haga la mala… Al final, en esas “últimas palabras” siempre hay la ternura de Nica escondida. Y usted lo sabe.
Va a permitirme usted poner en duda la autenticidad de su cristal (pruebe usted a rallarlo).
Respecto a mi ternura, tiene usted toda la razón, pero a veces esa misma ternura te impide hacer agujeros necesarios y te lleva a un limbo de dudas infernal… ojala acabe rellenando ese hueco y no me arrepienta nunca de haberlo hecho (lo que yo digo; necesito muebles).
Sirvi… mi cristal es bagatela, indigno, pero lo vendo bien… hay mucha incauta suelta, y será que mis canas son más atrayentes de lo que yo pensaba.
Y bueno, la ternura requiere que ésta sea correspondida. De todas maneras, cuando existe, el problema no es esa ternura, sino otras cosas. Retos, sonrisas… al final, la ternura está dentro, y hacen falta cosas para que a uno se la hagan sacar… A ver si va a resultar que anda usted taponada herméticamente…
Le recuerdo que le debo un café, o me lo debe, o lo echamos a los chinos. Ahora que ya he vuelto de la tierra de las cervezas revise usted su agenda y charlamos delante de uno. Ah, le advierto, sólo café, no soporto una cerveza más en un mes. Así que lo de unas cañitas va a ser que no.
Con mucho gusto compartiré ese café con usted… tranquilo por lo de las cañitas, no recuerda usted que soy abstemia?
Así que busque usted un hueco en su agenda y ponga día y hora al encuentro (la mía es, básicamente, un graaaaan hueco, así que no creo que haya problemas de compatibilidad horaria…).
Espero sus noticias.
El lunes tengo reunión de Cuento Atrás, así que ¿como lo tiene el miércoles? La hora la pone usted. El lugar ¿que tal el café ese que hay junto al aula de escritores, que hace esquina?
¿El miércoles? Perfecto, ¿a las seis va bien?
Sirvi
A las 18:00 delante del aula… Traiga su mejor sonrisa y sus giros imprevisibles de las últimas palabras.
Allí estaré; espero lo mismo de usted…
Sirvi… yo no tengo mejor sonrisa, sólo una ligera y sarcástica curvatura de las comisuras de mis labios hacia arriba… Se tendrá que conformar con eso… Y si quiere usted que le monte los muebles del Ikea me avisa, por llevar llaves Allen y eso… Las instrucciones las puede tirar, son para cobardes jajaja.
Pues asegúrese entonces de atarse la comisura de los labios a las orejas.
que, por supuesto, no necesitan instrucciones… jajaja.
Ah! Y respecto a los muebles del IKEA, por supuesto que necesitaré su ayuda; de todos es sabido que ese tipo de tareas son el campo de los XY
Las instrucciones de los muebles del Ikea, los GPS en el coche y los archivos “Readme First” de cualquier programa informático es, de todos sabido, que hieren nuestra sensibilidad como machitos dominantes. Yo cuando veo uno ganas me dan de enviar a la hoguera a quien lo fabricó.
No dudo de la necesidad para las XX, pero a nosotros, que “Dios nos ha hecho asin”, nos suponen una tremenda ofensa y un golpe al ego sangrante.
He dicho.
Y ahora, para llegar a la escuela ¿he de torcer en la primera o la segunda a la derecha? jejeje
Suerte que las XX sabemos muy bien como reparar esos golpes al ego de los XY… nada más reconfortante para un buen “lomo plateado” que una petición de ayuda en cualquiera de los casos que hieren su sensibilidad… nosotras también tenemos nuestras virtudes y habilidades, porque “Dios nos ha hecho asín”… Bendita ingenuidad masculina! jejeje.
Sirvi
Las XX son expertas (algunas) en saber levantar el ego a un hombre… y eso es lo que las hace tan peligrosas para nosotros, pobres infelices, que somos tontos ante semejantes muestras.
Luego llegan, te cogen un trozo del pecho y te lo estampan contra el suelo…
Yo por eso no me fio mucho.
Por cierto, la veo mañana a las 18:00. No me dé plantón.
Ups! Acabo de leer su respuesta…
Peligrosas? Nosotras? No me tire de la lengua, ande…
En fin, a ver si la dichosa justicia de la vida pone a LA XX (de evolución paralela a la suya) en su camino, y pone al resto del género femenino a salvo de ese psicopatita emocional tan peligroso.
Cuídese mucho (y sea bueno).
Jajaja su definición de mi como “psicopata emocional” me encantó. Ah, y la conversación de ayer fue un auténtico placer. Confio en repetirla algún día. Pero usted, de momento, a hacer sus deberes. Y no tenga miedo a equivocarse y darse un trompazo. Mire lo malo no es caerse, es no saberse levantar. Y estoy deseando que me dé usted una alegría y me diga que ya sabe lo que quiere. Que sepa que la estaré vigilando para que haga los ejercicios y eso. Ah, y cualquier cosa, ya sabe donde ando.
Cuidese y una cosa: sea usted.
(Yo lo de ser bueno, a estas alturas, ya soy incorregible jajajajaja).
El placer fue mío… no dude usted que repetiremos (con tanta mujer a mí también me hace falta a veces una visión masculina de la vida). Sepa usted que me ayudó mucho con su “guía rápida hacia la felicidad” (descartar, elegir y atacar); creo que tiene usted mucha razón.
Muchas gracias y, aunque usted parezca necesitarlo menos, ya sabe también dónde estoy. No se preocupe, seré yo misma (a veces mi problema es ése… sic) y confío en darle esa alegría más pronto que tarde.
Y si no puede usted ser bueno (reconozco que esperaba su comentario al respecto… jejeje), no me pase de travieso, hágame el favor, tómese un respirito, que estamos en agosto…
jajaja Sirvi… ha condensado usted muy bien mi filosfía. Descartar, Elegir, Atacar… Sí, ciertamente, lo que no quieres, lo que quieres e ir a por ello.
Bah, no dé las gracias, es un placer compartir visiones de la vida con alguien siempre, y más con alguien con la cabeza amueblada. Y bueno, no me vea tan autosuficiente, lo cierto es que todos necesitamos de poder compartir opiniones, visiones, etcétera con otras personas.
Oiga, céntrese en sus deberes y déjeme a mi con mis maldades jajajajajajaja
Uy! Eso último me ha sonado a risa de malo de película…
Pero, por el amor de Dios! Cabeza amueblada? Yo? Pero, con qué clase de gente se junta usted? En fin, amueblada o no (y ya que parece que nuestras charlas, además de agradables, son simbióticas), aquí tiene mi cabeza para lo que sea menester.
PD: Se acuerda usted de la mejor frase de la Bruja Avería? Debo creer que lo suyo se remonta a las sesiones televisivas matinales de los sábados de los 80? Mire que a esas edades somos todos muy influenciables y lo mismo es usted en realidad un santo varón… Hala! Al diván!
Es que soy maligno… o bueno, un poco miniyo quizás jajaja
Sí, no me lo niegue, tonta usted no es. Esos giros en sus “últimas palabras” muestran cierta brillantez. No dude que exprimiré su cerebro cuando me sea menester y me lo permita.
Y lo de la bruja Avería solo por referencias. Los sábados por la mañana de los 80 jugaba a fútbol sala. Era un buen portero en mis tiempos mozos (no entiendo como después algunas XX me las han colado dobladas, será que he perdido agilidad).
Usted, que me mira con buenos ojos…
Pero qué rencoroso es usted; no perdona ni un pequeño agravio a su ego… no tiene que haber perdido tanta agilidad cuando, con la vida que les da, no le han colado dobladas unas cuantas más… he dicho.
Que mal me quiere usted… Con el buen concepto que tengo de su persona. Bah. Es usted XX. Es el enemigo.
Es que yo sí que seguía a la Bruja Avería… jajaja.
Eso es porqué usted es más joven que yo.
Aunque visto así, yo seguía a Torrebruno y no alcancé el metro ochenta y pico que era mi sueño.
Yo también veía a Torrebruno… a ver qué se piensa usted! Aquel traje blanco… qué repeluco!
Usted no necesita el metro ocenta y pico para seducir, para eso ya cuenta con sus sienes y su encanto personal…
Bueno, con metro ochenta tendría más éxito, supongo. Uff mi encanto personal, no crea, está debajo de la armadura y nunca me la quito para seducir, que no es cuestión que te vean de verdad.