El diablo y el café solo
By Zero Kelvin • feb 22nd, 2009 • Category: En horizontalNegro, intenso, como el aroma del café de una cafetera de años, como el sabor del cuerpo de una mujer al apagar la luz, así es el oscuro sentir del alma de Kelvin.
Y a la vez que se rememora a si mismo, mientras toma ese café solo de media tarde, suena el teléfono preguntando que va a hacer esta noche.
- Devil ¿Qué vás a hacer hoy? Esta mañana te has ido temprano.
- Ya lo sabes, ver el fútbol -replica el diablo.
- ¿Te ha gustado lo que te he enviado?
- Me encanta el sonido, creo que lo incluiré en la sección musical del blog. Ya me lo he bajado de i-tunes, no había forma de pillarlo de otro sitio. He tenido que cotizar, pero realmente vale la pena.
Y la conversación sigue. Sobre “Devil” y sobre “All I knew”. Porque ella quiere la dirección de ese puñetero blog y él no se la da, pero bueno que ella quiere verle esta noche otra vez, con o sin blog. Y al diablo le da lo mismo. Total, no tiene otros planes para el sábado y perderse en aquellos ojos azules y contar las pecas de la pelirroja medio inglesa siempre es agradable.
- Pero tendrá que ser después del fútbol y cenar. Además sabes que si palmamos no voy a ser buena compañia.
- Me ocuparé de que se te olvide el Barça – replica ella.
- ¿Eres más interesante que Messi?
- Bueno, puedo hacer cosas que él no.
- Si palman verás tú.
Así que para acabarlo de cuadrar palman, como no puede ser de otra manera. Y se citan en el centro, para tomar esas Ales que ambos agradan de disfrutar. A él por el amargor al pasar por la garganta, a ella no sabe bien porqué. Quizás porque le recuerde el sabor fuerte y amargo que siempre deja Kelvin en las personas que pasan por su vida, el mismo sabor que ella anda degustando desde hace unos meses. Así que toman un par de Ales mientras hablan de CAT-A-TAC y del sonido de Denver antes de marchar para la costa.
En el coche empieza el juego, y mientras él trata de mantener su vista en el conjunto de calles, cruces y semáforos que separan el centro de la autopista que les llevará a la casa de ella, la pelirroja empieza a tocarle, primero buscando su cuello con los labios, luego lamiéndole el lóbulo de la oreja mientras con la mano le busca su virilidad, quizás para demostrarse a si misma que él, al menos, la desea.
El juego se intensifica cuando las manos de ella le desabrochan el pantalón y empieza a acariciarle. Él piensa que como tenga que dar un frenazo no sabe si va a poder cambiar el pie del acelerador al pedal del freno. Y la cosa se pone peor cuando ella se reclina hacia él para tomar su pene con la boca.
- Un día de estos nos vamos a matar, joder – acierta a decir él.
- Tú conduce que es lo que tienes que hacer – le replica ella medio riéndose.
Y al llegar a casa de ella todavía no sabe como han conseguido salvarse de tener cualquier accidente. Su ropa anda desencajada y antes de salir del coche trata de acicalarse ni que sea por no parecer cualquier cosa si se encuentran a alguien en los escasos doscientos metros que hay entre el lugar donde aparca el vehículo y el portal donde ella vive.
Al llegar a su escalera la agarra en el ascensor y le saca la blusa por encima de la falda, le desabrocha un par de botones y con el pie le arranca un zapato.
- No pienses mal, es para que vayamos conjuntados después de como me has dejado en el coche – le espeta él.
Entonces ella le abraza, se rie y se tira sobre él para besarlo. Y otra vez le abre el azul de los ojos para dejar que él entre y coja lo que quiera. Mientras entran a trompicones en casa de ella siguen las risas, que si vas a tener que acabar lo que has empezado en el coche, que si eres un cabrón porque si no te llamo yo hubieras pasado de mi.
La desnuda poco a poco, contando las pecas que van apareciendo por la superficie de su piel y probando de besarlas una a una. Y ella se entrega y se deja hacer. Él recorre ese cuerpo cada vez más conocido para degustar esa piel blanca amenizada con el estampado de las marcas que su boca va dejando. Y siente como su perfume matizado por el olor a ella misma le penetra para poderse dejar ir.
Y juegan el uno con el otro, con caricias, con besos, con lametones por toda la anatomia. Para que él entre en ella desde arriba, desde abajo, desde delante y desde atrás. Para sumirse en una vorágine de sexo desde todos los extremos de la rosa de los vientos. Para alcanzar el clímax en cuantas ocasiones sea posible. Quizás porque Kelvin sabe que en cada uno de ellos ella es menos ella y él es más él. Como si al entrar en ella le arrancara una por una, con milimétrica exactituc, con cirugía de precisión, todas y cada una de las joyas guardadas en su interior. Como si la torturara deshollandola de aquella piel para sólo quedarse con esos diminutos trocitos de color que la adornan.
- ¿Por qué eres así? – Le preguntara ella después.
- Soy como soy, pensé que te gustaba…
- ¿Has pensado alguna vez lo que yo puedo sentir?
- No vayas por ahí. Ya conoces que yo no puedo darte un TQ como haces tú, sabes que no tengo de eso, no gasto, o si tengo alguien se lo llevó alguna vez y reponer el stock lleva mucho tiempo.
Le interroga. Necesita saber porque entonces la trata así. Porque es tan superficialmente encantador y dentro tan duro que es incapaz de corresponderla. Porque no la trata como una cualquiera y entonces no tendría que buscarle, y no necesitaría que estuviera cerca para poder sonreir como a ella le gusta.
- Sabes muy bien que soy el diablo – le contesta.
- Sí, seguramente eres el diablo.
Sí, piensa él, soy el jodido Lucifer, un puñetero vampiro que come del calor de los demás. Que se nutre de aquellos que habitan debajo de ojos como los azules que tiene enfrente. La abraza y con su mano le acaricia la mejilla y el pelo. Y deja que la cabeza de ella repose sobre su hombro antes de dormir.
Temprano, sale de nuevo de su casa a hurtadillas, bajando a ese bar donde ya ha estado otras veces y desayunar ese café solo, muy negro, que acompaña a cualquier pasta. Y mientras conduce por la autopista hacia su casa observa las carencias de aquel que sólo permite que le quieran por la mitad de lo que es. Porque si alguien penetrara más allá se perdería en la negrura del café solo, de la oscuridad, en el alma de Kelvin.
Zero Kelvin is El último punk que saltó de Putney Bridge
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Hay una actitud femenina de buscar a los hombres que hacen sufrir a las mujeres, aunque sea de forma involuntaria. Es una adicción destructiva de la que es difícil salir.
Duquesa
Bueno, no sé, igual ocurre eso. Yo he dejado de intentar entender a las mujeres.
Totalmente de acuerdo con Duquesa.
Debe ser un suplicio encontrarse en esa situación de adicción.
Vade retro, satanás
Hoy en el Pais sale una chica que ha escrito un libro sobre eso, una tal Robin Norwood, “las mujeres que aman demasiado”
Duquesa
Interesante la reseña bibliográfica. ¿Realmente existen mujeres que aman demasiado? Será para compensar a las que no lo hacen nunca…
Estoy filosofando, no se lo tomen a mal.
Existen mujeres que dirigen su amor hacía la persona equivocada.
Morgana
De eso existe de todo, mujeres y hombres. No se engañe.
por supuesto, y también algunos de ellos buscan relaciones autodestructivas.
Y también los hay que se equivocan, que cometen errores de cálculo. Y luego está a los que les engañan. El abanico es tan amplio que harían falta muchos posts para abarcar todos los casos.
Ciertamente… el amor, el desamor… es lo que tiene, da para mucho.
Novelas, relatos, canciones, óperas…. bufff es un tema tan trillado jajajaja
Cansino, diría yo… jajajjajajaaj
Bueno, no crea, al final todos acabamos muriendo en él.
Bueno…en cualquier caso, unos más que otros.
Jajajaja
Me encanta cuando se hace la dura.
Lo sé
Y cuando utiliza mis propias palabras contra mi. Es usted terrible, mis amigos de la Guardia Urbana la ficharían para leer los derechos a los detenidos.
y quién le dice que no es así?
Los uniformes siempre me han sentado bien…
Oiga, me está provocando. Lo sepa.
¿Guarda esposas en la mesilla de noche? Que sean acolchaditas por dentro oiga.
Tal vez… quizás algún día, si se porta usted bien, se lo cuento…
Venga, venga… soseguese
Yo nunca me porto bien.
Pues usted se lo pierde…
ah, y ahorrese el comentario si me va a decir que “quizás la que pierda sea yo”… demasiado fácil.
Es tan fácil que hasta usted solita ha llegado a la conclusión correcta.
Me abstengo de comentar, en esta conversacion tan privada, con sado-maso y todo My god
Solo dire que si, que hay mujeres que aman demasiado, yo conozco algunos casos, …como de masoquismo, le dejan y vuelven . Y no me refiero a palizas, mas bien a maltrato psicologico. No soy yo, ehhh.
Me imagino que hombres también habrá, pero yo la verdad no los conozco