Yo, S.A.
By Zero Kelvin • ene 19th, 2009 • Category: AportacionesMi compañera Inma me hace llegar este escrito de Renata Salecl, publicado en 2007 y que me parece de sumo interés. Sí, es largo, pero da mucho que pensar.
Yo S.A. (publicado en La Vanguardia el 24/01/07)
El dueño de una compañía de internet que prosperó en el momento de la burbuja informática me contó en cierta ocasión sus angustias frente al despido de empleados jóvenes y entusiastas cuando los negocios empezaron a ir mal. Un momento especialmente doloroso se produjo cuando tuvo que desprenderse de un joven muy trabajador y que se había volcado mucho en la compañía. El empresario se reunió con él y le comunicó que debía prescindir de sus servicios; el joven quedó muy afectado. Por un momento, pareció como si fuera a estallar en lágrimas, pero enseguida se recompuso, agarró una libreta y le pidió al empresario que le dijera qué era lo que había hecho mal en su trabajo, de qué manera no se había esforzado lo suficiente y, sobre todo, cómo podría mejorar en su siguiente empleo. Conmovido ante semejante reacción, el empresario insistió en que su comportamiento no había tenido defecto alguno, que el despido se debía sólo a que la compañía se encontraba en una espiral descendente y que intentaba por todos los medios salvarla. Sin embargo, el joven insistió en que quería algún tipo de comentario crítico para poder tenerlo en cuenta y ser aun mejor empleado la siguiente vez.
Hace un tiempo, quien era despedido culpaba de su desgracia a las circunstancias externas; hoy, en cambio, la ideología capitalista dominante nos empuja a evaluarnos a nosotros mismos en primer lugar y a intentar discernir por qué no hemos conseguido conservar el trabajo. Evaluación es la palabra suprema en los tiempos que corren. En las universidades británicas, los profesores ocupan ahora la mitad de su tiempo en escribir informes sobre alumnos, programas, colegas, etcétera. En las compañías internacionales existentes por todo el planeta, los empleados no sólo son evaluados por sus jefes, también se les pide constantemente que se evalúen a sí mismos. Dado que la precisión de la autoevaluación es luego cotejada con la procedente del supervisor, siempre es uno presa de la ansiedad ante el hecho de tener que evaluarse. Los psicoanalistas franceses se enfrentan hoy al gobierno, que intenta imponer unos parámetros relacionados con la forma de valorar sus tratamientos. Y los científicos eslovenos cuentan con ansiedad los puntos que les reporta cada artículo publicado de cara a las evaluaciones anuales de su trabajo.
En una época de incertidumbre radical, cuando la vida cada vez parece menos predecible y controlable y cuando el individuo se enfrenta sin cesar a nuevas ansiedades tanto en el ámbito de la vida privada como en el compromiso público, la persona es interpelada en tanto que alguien dueño de su destino. La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, un creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.
Según el sociólogo estadounidense Richard Sennett, el capitalismo posindustrial, con su énfasis en el riesgo, ha afectado de modo profundo el carácter de las personas. Hoy las empresas no dejan de reestructurarse. La flexibilidad se ha convertido en el nuevo mantra no sólo de las compañías sino también de los individuos. El empleado despedido de un trabajo corporativo porque la compañía atraviesa un proceso de reestructuración se siente culpable por no haber sido flexible antes y no haber asumido riesgos en relación con su carrera. En lugar de quedarse esperando la carta de despido, el empleado debía haber sido más listo y buscar un nuevo trabajo antes de que se acabara el que tenía. También los profesores de las universidades estadounidenses deben mantenerse en una búsqueda constante del siguiente trabajo. Aun cuando uno consiga el puesto que deseaba y se sienta satisfecho y feliz con él, debe seguir buscando algo mejor. No estar abierto de forma permanente a un nuevo trabajo disminuye la propia valía. La institución que ha contratado a semejante profesor podría empezar a considerarlo como una mercancía usada, como alguien sin nada nuevo que vender.
Vivimos una época dominada por el capital impaciente y en la que existe un deseo constante de resultados rápidos. Ahora bien, no sólo las compañías y los servicios financieros se enfrentan a inversiones y juicios acerca de los riesgos que pueden o no asumirse. Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S. A.;se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.
Se supone que una persona tiene que ser, ante todo, un inversor hábil. No se trata sólo de la necesidad de aprender la compleja lógica del mercado bursátil y convertirse en el propio asesor financiero, también tiene uno que considerar la propia vida emocional como otra forma de inversión. Se supone que debemos invertir tiempo y afecto en nuestros hijos para obtener un buen resultado en el producto que surgirá de su crianza. Del mismo modo, se supone que tenemos que invertir en nuestras relaciones con cónyuges y amistades con objeto de poder sacar fondos de los bancos emocionales que crean semejantes relaciones. Willard F. Harley, un famoso consejero matrimonial estadounidense, ha diseñado todo un sistema sobre el modoen que deben funcionar esos bancos emocionales para que las personas estén satisfechas con sus relaciones. Supongamos que en una pareja a él le gusta el fútbol y a ella le gusta dar paseos conversando con su marido. Harley propone que la pareja considere su relación como basada en la idea de un banco emocional. Si la pareja es inteligente, colocará muchos ahorros en su banco emocional en los momentos en que tienen una relación armoniosa. Ella, por ejemplo, irá con su marido a ver partidos de fútbol, aunque no le gusten; y él la acompañará a dar paseos aunque prefiera quedarse sentado delante del televisor. En momentos de crisis, uno de los cónyuges puede empezar a retirar afectivos y enfadarse tanto que dejará de participar en actividades con el otro. Entonces, el banco afectivo empieza a perder fondos hasta el punto de quedar vacío o incluso con una suma negativa. Cuando aparece una crisis así, la pareja necesita la ayuda de un asesor que los ayude a reestructurar sus inversiones emocionales y darles una dirección positiva.
Nadie niega la utilidad para la supervivencia de un matrimonio de que los cónyuges pasen tiempo juntos realizando actividades que los unen y de que conozcan sus propias emociones y las de su pareja. Sin embargo, la actual cultura del asesoramiento ha estado muy dominada por la idea de la elección racional. Dicha idea entró primero en la teoría económica y poco a poco ha ido impregnando todos los demás aspectos de nuestra vida. Incluso el amor y las emociones son percibidas como susceptibles de ser dominadas racionalmente.
La búsqueda en Amazon. com de libros que traten el tema de la ira da más de 95.000 resultados. Un simple vistazo a los títulos produce la impresión de que la ira es un gravísimo problema en nuestra sociedad. Parece que vivimos en La trampa de la ira,nos enfrentamos a La danza de la ira,que La ira mata;está también El enigma de la ira,que produce Desórdenes de la ira;y hay Mujeres iracundas,que parecen experimentar la ira de modo diferente a los hombres. Y es de capital importancia saber Cómo aplacar la ira de tu hijo y lograr que viva sin ira.Siendo como es uno de los siete pecados capitales, la ira parece un problema especial, y hay muchos manuales sobre la forma de deshacerse de ella. La gestión de la ira,La superación de la ira,Más allá de la ira,La conquista de la ira,La expulsión de la ira,El control de la ira,Cómo hacerse cargo de la ira,son algunos títulos de libros que supuestamente nos ayudan a enfrentarnos con esa emoción. Yel siguiente paso es Acepta tu ira,De la ira al perdón y, sobre todo, darse cuenta de que La ira es una elección.
El mantra de la autoayuda “No puedes controlar a los demás, sólo tus respuestas a ellos” es en muchas versiones el imperativo último que guía nuestras interacciones sociales. Este mantra es útil en los tratos con la familia o los colegas del trabajo, pero su insistencia en el autocontrol tiene un significado social más amplio. En una época de incertidumbre radical, que afecta a la sociedad en su conjunto y a nuestros microcosmos (el lugar de trabajo y la familia), debe uno abandonar las expectativas de poder incidir en el curso de la sociedad.
En la actualidad, la gente tiene muy poca capacidad de producir un impacto sobre el ámbito social y político. Como remedio ante esa impotencia, disponemos de una ideología que fomenta la idea de autoinvención. La ansiedad está presente en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Para controlarla, no sólo se aconseja a los individuos que se esfuercen más, sino también que inviertan en ellos, se gestionen a sí mismos y se mejoren de modo continuo. Cuanto menos predecible y controlable se ha vuelto la vida, más se insta a los individuos a seguir su propio curso, dominar su destino y transformarse. Además de las horas dedicadas al trabajo – que han aumentado de forma drástica-, nos vemos obligados a trabajar constantemente en nosotros mismos para no perder competitividad en el mercado laboral. Enel lugar de trabajo, se espera de nosotros que nos dediquemos a la formación constante de cara a nuevos tipos de tareas, mantengamos un aspecto juvenil y vital, y no cejemos en la búsqueda de nuestra auténtica vocación.Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la de seguir cierta senda que seguía todo el mundo. Hace sólo un par de décadas, el transcurrir de una vida típica era mucho más sencilla que hoy. La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones.
La automejora es percibida como la forma de luchar contra la inseguridad económica. Como señala Stephen Covey, autor de importantes libros de autoayuda (Primero, lo primero;Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva),ya no basta hoy con estar casado o tener empleo, hay que ser casable y empleable.Por lo tanto, trabajar en el propio yo es el imperativo último para quien espera no quedar excluido de las redes sociales y seguir prosperando en el mercado laboral y matrimonial.
En un momento en que muchos países experimentan grandes cambios en los sistemas sanitarios, no sorprende que la ideología de trabajar en uno mismo haya adquirido vastas proporciones. Las revistas populares parecen competir en la oferta de consejos sobre cómo emprender esa interminable tarea en uno mismo. Supongo que la mayoría de quienes los siguen quedan completamente agotados por el esfuerzo constante aplicado sobre su vida. El trabajo relativo a la cura del propio cuerpo se ha convertido el tema del día. Da la impresión de que la idea del hágalo usted mismo,que ha dominado nuestra percepción sobre cómo mantener una casa y no recurrir a operarios cuando hay que arreglar algo, se ha introducido en nuestra concepción de la medicina. En lugar de llamar a un fontanero cuando hay un escape en alguna cañería, me compro un libro para hacerlo solo. Y en vez de ir al médico cuando me duele algo, busco remedios para curarme solo. Dado que actúa como inversor, fontanero, médico y presidente de su propia vida, la persona parece a punto del colapso por agotamiento. No es de extrañar que el estrés sea el culpable último de las enfermedades contemporáneas. El sujeto acaba por percibirse como culpable si le ocurre algo malo. Como el empleado que se siente culpable por perder su trabajo (ya que no ha sido lo bastante flexible para empezar a buscar uno nuevo antes del fin del anterior), una persona enferma se siente culpable por no haber impedido la enfermedad trabajando más sobre su cuerpo. Decimos incluso de alguien que es un buen gestor de la ansiedad. Y, si una enfermedad no mejora, tenemos que sentirnos culpables de nuevo por haber fallado en otra tarea, la autocuración. Desde luego, el yo queda agotado con todas estas obligaciones. Y no es casual que la ideología de la autocuración arraigue justo en una época en que las políticas sanitarias oficiales se abren cada vez más a la privatización del sistema público de salud.
La paradoja radica también en que la creencia en la idea de que uno tiene capacidad de elección total sobre la vida suele ir acompañada de la búsqueda de poderes externos que nos guíen en la vida. En relación con la salud, la ideología de la autocuración está a veces muy unida a una percepción bastante irracional de las enfermedades.
Un antropólogo británico que padeció un cáncer hace un par de años decidió realizar un pequeño estudio antropológico en el hospital y preguntó a otros pacientes cómo percibían su dolencia. Quedó muy sorprendido de la rapidez con que las personas adoptan diversas formas de pensamiento mágico cuando enferman. Un paciente muy culto, por ejemplo, creía que podría deshacerse del cáncer de intestino si conseguía defecar. Otro paciente intentaba matar las células cancerosas bebiendo su orina. Y un tercero esperaba limpiarse el cuerpo del tumor intentando imaginar que no existía. También en el pasado la respuesta de las personas a la enfermedad ha seguido caminos mágicos. Los virus, como la peste o incluso el VIH, se han percibido como castigos divinos, y la lucha contra ellos ha incluido a menudo rituales purificadores. En algunas partes de África, existe hoy la creencia de que puede uno curarse del sida manteniendo relaciones sexuales con una virgen.
Incluso en las relaciones amorosas, las personas perciben hoy que tienen libertad total para elegir una compañía más perfecta, pero a la vez se fijan en el signo del zodíaco bajo el que ha nacido una posible pareja. Esta búsqueda de un poder superior que es el que decide cuando al mismo tiempo nos enfrentamos a la libertad de elección no constituye ninguna sorpresa. Cuando sentimos ansiedad (no por lo que podríamos ganar, sino perder), a menudo buscamos a alguien que decida por nosotros. Una figura religiosa, un curandero o incluso alguien que lea horóscopos pueden ser percibidos como una autoridad capaz de aplacar nuestro desasosiego. El capitalismo fomenta por un lado la libertad de elección y por otro promueve la identificación con todo tipo de nuevos líderes.
En relación con las ansiedades que afectan a la salud, por ejemplo, el Ministerio de Sanidad canadiense ha descubierto que el control de la ansiedad generada por la injusticia social resulta básico a la hora de lograr que las personas se sientan más sanas. Tras realizar estudios sobre los efectos que padece la sociedad con los cambios del sistema sanitario, los canadienses decidieron realizar en su sistema algunas intervenciones de importancia. En primer lugar, decidieron reorganizar las listas de espera hospitalarias. Un estudio puso de manifiesto que las autoridades sanitarias no debían dejar las listas de espera de las operaciones quirúrgicas en manos de los médicos, puesto que éstos no solían ser demasiado honestos al manejarlas. A menudo mantenían largas listas para asegurarse de tener suficientes pacientes en el futuro; unas listas largas mostraban que una persona era respetada y podían reportar más dinero. Según se descubrió, cuando las personas son colocadas en listas sin tener confianza en su correcta gestión y sin saber si serán operadas en un plazo concreto, sus síntomas suelen empeorar con la espera. Si, por el contrario, los pacientes saben que el sistema es justo, que las listas se gestionan de forma honesta y que nadie se colará a menos que se trate de una emergencia, suelen soportar bien la espera sin un aumento de los síntomas. Además de la confianza en las listas, lo que ayuda a mantener atajada la ansiedad es la realización de chequeos periódicos, la presencia de alguien que prepare al paciente para la operación, así como la convicción de que si se produce un empeoramiento será posible adelantar la intervención. Cuando, como consecuencia de estas observaciones, los canadienses crearon una autoridad local independiente para gestionar esas listas y más tarde éstas se colgaron en internet, la espera de las operaciones quirúrgicas se hizo mucho menos traumática para los pacientes, y su bienestar mejoró de forma considerable durante el tiempo de espera. En segundo lugar, se descubrió que los canadienses se sienten orgullosos de su país por tener un sistema sanitario que funciona. En su percepción, creían que el sistema público de salud de Canadá hacía que su sociedad fuera mejor que la de EE. UU. En tercer lugar, los políticos canadienses lograron convencer a las empresas de que el sistema público de salud les aumentaba los beneficios. A diferencia de las compañías de Estados Unidos que pagan el seguro de enfermedad de sus empleados (y se trata de un país donde quien cambia de trabajo se preocupa mucho del tipo de beneficios sanitarios que obtendrá), en Canadá las empresas y los empleados no padecen semejante ansiedad.En una época en que las personas pueden imaginar todo tipo de catástrofes sociales, económicas y personales, la ansiedad está al orden del día. La ideología que promueve la idea de que la vida debe abordarse como si fuera una empresa sobre cuyos aspectos decide uno corre pareja con la pérdida individual de la posibilidad de incidir en el desarrollo social y político de la sociedad en la que se vive. Cuando una ideología nueva aparece con fuerza (como es el caso de la relativa a la autocuración), aparece también la urgente necesidad de hacer una pausa y pensar por quién doblan las campanas.
Zero Kelvin is El último punk que saltó de Putney Bridge
Email this author | All posts by Zero Kelvin

Interesantísmo escrito, Sr.Kelvin.
Todo rosario de “imputs” que dan mucho que pensar. Me quedo especialmente con esta reflexión “ya no basta hoy con estar casado o tener empleo, hay que ser casable y empleable”.
Esta claro que hay que “estar” bien visible. No es suficente con verlas pasar.
Sí, parece que uno no se puede parar. Que no hay tiempo para disfrutar de lo que se dispone sino que siempre hay que querer más.
Yo hace tiempo que dejé ese tema aparcado. La clave es saber hacia donde se dirige cada cual. Las escaleras mecánicas siempre nos llevan al piso de arriba, no hace falta subirlas caminando. Esfuerzo baldío que no conlleva nada que no se consiga parándose a la derecha, disfrutando del trayecto. Además, si las sube uno caminando corre el riesgo de un trapiés y llevarse el oportuno batacazo.
Esta noche les ilumino con un Music&Lights al respecto que ando preparando.
Totalmente de acuerdo…
Deberían impartir una asignatura de como “aprender disfrutar” de los pequeños momentos que nos proporciona el día a día.
En fin… imagino que cada uno lo hace lo mejor que puede o que sabe.
Bufff Morgana, imagina usted mucho… Será que soy pesimista por lo que se refiere a los demás, pero mi percepción es que eso lo consigue un 10% de la gente nada más.
La vida es el arte de sacar conclusiones suficientes a partir de datos insuficientes.
Me quedo mejor con la definición de Lenon: la vida es todo aquello que nos pasa mientras nosotros hacemos otros planes. Llámeme iluso, lo sé.
¡Ay que larga es esta vida!
¡qué duros estos destierros!
¡esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero
que me muero porque no muero.
Llámeme mística…
¿Larga? Yo no me cansaría nunca de existir. Será que no tengo alma, que ya podría ser. Es lo que tiene estar a zero kelvin…