Zero Kelvin

Huellas de unos dedos congelados

Giradiscos a 45 revoluciones

By • ene 18th, 2009 • Category: En horizontal

La vida, en ocasiones, es como la música. Como los viejos discos de vinilo que sonaban en los platos giradiscos y que ahora se vuelven a poner de moda. O tal vez la vida realmente es música y, a veces, suena esa canción que te llega, que te impacta, y en cuanto la escuchas corres al tocadiscos, levantas la aguja y buscas en los surcos el camino de retorno, para repetir, una vez tras otra, esas notas harmónicas que has sentido en tu interior. ¿No lo habéis hecho vosotros alguna vez? ¿No habéis puesto y repetido una vez tras otra esa canción que tanto os ha gustado en ese momento? Me niego a pensar que soy el único melómano obsesivo que hay en el planeta.

Y cuando has escuchado tu canción -porque en esos instantes se convierte en tu canción-, en el momento en que ya se halla grabada en tu mente, tan indeleblemente como el pentagrama que la acoge, puedes continuar escuchando el resto del disco, pero dará igual, sus canciones ya no tendrán tu atención, serán sólo esa música de fondo que escuchas por momentos, porque mientras suenan sus notas seguirás, por dentro, tarareando la melodía aprendida.

Así, quizás, es la vida para mi desde que sonó mi canción. Desde que ella pasó con su música, sus acordes, su compás y su harmonia. Y día tras día, año tras año, desde que ya no está, sigo, sin darme cuenta, silbando la vieja tonada, las notas de un pasado quizás idealizado y ya muy perdido en el tiempo.

De esta manera, e inmerso en mis elocubraciones, estaba en la barra del local pidiendo mi Havana con cola, cuando se acercó aquella pelirroja a intentar llamar la atención de la camarera que servía detrás de la nube de vasos, botellas y alcohol. Y mientras la observaba me dirigió una sonrisa y se acercó para pedirme un cigarrillo.

Automáticamente decidí llamarla WishYou, sería la chica del “Wish you were here” de Pink Floyd. Ya sabéis, esas paranoias que tiene uno con la música. Al fin y al cabo nadie recuerda que después del “Wish you were here” viene la canción “Have a cigar”, pero como sigues tarareando la primera nunca te acuerdas de la segunda. Así, de igual manera, voy yo nombrando a las mujeres que van pasando por mi vida, con las canciones que las eclipsan. Decidí pues, mientras en mi cabeza seguían sonando las viejas notas de mi disco rayado, probar fortuna con WishYou.

- Pues no fumo y no llevo tabaco. Pensaba cogerlo porque sabía que te acercarías esta noche. Pero pensé que iba a hacerle un favor al próximo que intente besarte y así se llevara el gusto de tus labios en lugar del de la nicotina -le contesté con una sonrisa burlesca-. No obstante después de verte bien me planteo si no quiero ser yo el que se lleve el premio.

WishYou se rió, su sonrisa era bonita y sus ojos azulados tenían una mirada limpia y divertida. Y sé que, cuando sonrien después de mis gansadas, tengo mucho camino recorrido.

- Oye -me contestó- ¿y tú que sabes si he venido sola? Podría ser que ya tuviera quien se vaya a llevar ese premio.

Me encantan las chicas que tratan de retarme, y WishYou iba por el camino. Además parecía capaz de replicarme, lo cual, como siempre, me pone aún más.

- Bien, es fácil. Te lo diré esquemáticamente: uno, porque has venido a la barra sola, cosa que si yo hubiera venido contigo no habría permitido a la vista de la cantidad de buitres, como yo, que estamos apostados a la espera. Y dos, y más contundente, ¿crees que me importa con quien has venido? En realidad estoy más interesado en con quien te vas a ir de aquí.

- Oye, Estás un poco subidito ¿no?

La miré directamente a los ojos, fíjamente, intentando dominarla con la mirada, y le hice un gesto, como diciéndole que es que uno es como es. Entonces pasó por mi lado la camarera y le pedí un Gintonic para ella

- ¿Por qué me pides un Gintonic si no sabes lo que bebo?

- Porque todas las mujeres interesantes beben Gintonic -le contesté-. Fíjate, te estoy lanzando un excelente cumplido, y te aseguro que eso no lo suelo hacer comunmente.

- ¿Y si no me gusta el Gintonic?

La miré a los ojos de nuevo. Sí, al mirarla había algo. Ese algo que denota a la mujer que me gusta, a la que me despierta interés. La mujer que bebe Gintonic

- Si no bebieras Gintonic me habría equivocado contigo. No serías interesante.

- Vaya, buena respuesta. ¿Tienes respuesta para todo?

- Para todo salvo para cuestiones metafísicas, pero, en tu caso, es más bien físico todo lo que se me ocurre.

Me encanta sacar la vena sarcástica para acompañar un cierto aire de prepotencia medida, y sé que se me da muy bien hacerlo. Así que, a cada nuevo reto que la pelirroja me lanzaba, lo sorteaba con esa ironía de saber que siempre tengo lo que quiero y cuando yo lo quiero. Y por supuesto, WishYou bebía Gintonic.

Cuando llegamos a casa serían cerca de las cuatro y media de la mañana. El sabor de sus labios ya había pasado por los mios y, salvo un par de cigarrillos necesarios para calmarla, requisados por entre la parroquia del local, había conseguido que no enmascarara su perfume con el humo de los Marlboro que fumaba.

Encendí la chimenea para caldear el piso, que después de pasar toda la noche fuera estaba frio, y le preparé el último Bombay con tónica, que era la excusa para llevarla a casa. Escurrí media lima en su vaso e imaginé como sería el tacto de su cuerpo cuando mis manos la acariciaran y la apretaran como yo estaba haciendo en aquellos momentos con aquel fruto ácido y refrescante.

Al volver de la cocina ya se había quitado el abrigo y hasta los zapatos. Le dí el vaso que había preparado para ella y dejé que sorbiera un poco de su contenido antes de volver a besarla. Cerró los ojos mientras la besaba y se dejó ir en mis brazos. Sus manos me abrazaron, primero por mi espalda, luego por mi cuello para acabar acariciándome el pelo mientras seguíamos con nuestras bocas juntas.

La desnudé a la luz de las llamas, como queriendo combinar el rojizo fuego de la chimenea con su pelo. Haciendo que el natural color pálido de su piel fuera bañado de una luz cálida, para, con su visión, avivar el deseo por aquel calor que siempre busco en las almas de mis congéneres.

Nos tumbamos sobre la alfombra para ser uno. Mi boca devoró su cuello a la par que su respiración se hacía cada vez más jadeante. Recorrí aquella piel centímetro a centímetro, poro a poro, para recoger el aroma de su deseo. Lamí sus pezones, aquellas dos islas de color en medio de una piel tan inmaculadamente blanca. Y recorriendo el camino de su ombligo llegué hasta su sexo para que mi lengua buscara entre los secretos de sus pliegues.

Dediqué un tiempo a que mi lengua se orientara, buscara los caminos que llevan hasta el clítoris, para, al encontrarlo, hacer que mis labios la acompañaran y empezaran a jugar con él. Pero cuando noté que sus jadeos empezaban a convertirse en pequeños gritos paré, y opté por mordisquearle ligeramente el interior de los muslos.

Y a ella no le gustó. Y yo sabía que no le gustaría. Así que cogió sus manos y me estiró del pelo, como intentando volver a llevarme al manantial de su placer. Pero yo ya estaba prevenido. Cogí sus manos, las agarré fuertemente por las muñecas, y, sin previo aviso, pasé mi lengua por su sexo de forma contundente, con fuerza, casi violenta.

- ¿Pretendes dominarme? – me dijo en voz casi ininteligible.

Sonreí

- Sí, pienso dominarte. Y te va a gustar. ¿Y sabes lo más divertido? Que vas a odiar que te guste pero no lo puedes remediar.

Y gritó. Y me llamó no-se-qué. Y yo aproveché que con una mano podía agarrarle ambas muñecas y liberé mi otra mano para, con mis dedos índice y medio, penetrar de improviso en su vagina. Y empecé a mover mis dedos al compás de mi lengua. Y mientras ésta lamía y buscaba su placer en el clítoris mis dedos acariciaban el interior de su vulva, buscando el punto máximo de su excitación.

Se corrió mientras me gritaba en inglés no se que cosa. La liberé de las muñecas y decidí dejarle la iniciativa. Así que, como yo esperaba, decidió corresponderme y tomar con su boca mi pene, totalmente erecto y dispuesto a dejar constancia de sus ganas de sentir placer. Liberó el glande tirando para atrás el prepucio con una mano, mientras con la otra me acariciaba los testículos. Y su boca empezó a recorrerme en toda la longitud, sintiendo su lengua juguetear con el extremo por momentos, antes de hacerme suyo en su interior.

La paré cuando sentía que el recorrido hasta mi orgasmo se iba acortando por momentos. La tumbé boca arriba y, de rodillas y dominándola, la penetré. Estaba cálida, húmeda. Y sus caderas me recibían, me acogían y a la vez me repelían cuando alcanzaba la profundidad de su vagina. Nuestros jadeos se acompasaron al ritmo de nuestros cuerpos, nuestras miradas se cruzaban y sus palabras en inglés salían de su boca sin ser yo capaz de procesarlas, y contestando con las que a mi me salían en mi idioma materno, sin tan siquiera conocer si aquello era una conversación o, simplemente, el intercambio de sinsentidos.

Conseguí que se corriera una primera vez y retardé mi orgasmo reduciendo la amplitud de mis movimientos y el recorrido de mi penetración. Seguí con mis embestidas hasta que, la inminencia de su segundo orgasmo, fue el pistoletazo final para dejarme ir y alcanzar al unísono el clímax. Noté sus uñas en la espalda, las paredes de su sexo contrayéndose sobre mi polla, a la vez que yo la llenaba con mi esencia y me dejaba caer sobre su cuerpo.

Me besó y me sonrió aún jadeante. Y yo escondí mi cara en su cuello. Y coloqué mi oreja junto a su cara como queriendo taparme los oidos. Como queriendo dejar de escuchar la vieja canción. Pero ahí estaba, como ha estado siempre. Y cada vez que hago el amor con una nueva persona, aunque por momentos deje de sonar, al final, vuelven a escucharse sus notas.

Sí, la vida es como la música, como los viejos vinilos. Y cuando has escuchado el long play de grandes éxitos, ese que escuchas en su plenitud, a partir de ese momento, lo que viene después son simples singles. De los que giran más rápido, a cuarenta y cinco revoluciones por minuto, como la vida va más deprisa y se acelera con el tiempo. Y esos singles, de una sola canción, jamás se asemejarán al LP original. E, invariablemente, deberás irlos cambiando con cada tema. Canción a canción, momento a momento, persona a persona.

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9 Comentarios »

  1. joder vaya polvazo, que quieres que nos de un infarto despues de comer jajaja ¿45 revoluciones o 2000?. Creo que siempre puede aparecer otro LP original, pero es necesiario estar predispuesta y no comparar.

  2. Veo que aún no se había dado cuenta de lo que se esconde en la categoría “En horizontal”… Tanto buscar ayer y no darse cuenta…

  3. Hombre, ..todo todo no lei, veo que me deje lo mas interesante, es que no me dió tiempo….. que vigilancia … a ver ¿ cuanto tiempo llevo ahora?

  4. No se preocupe, miraré para otro lado, puede recorrerse la sección “En horizontal” enterita. Pero si luego tiene que llamar a emergencias no se me vaya quejando…

  5. Oooopss
    Nos vigilas para saber què leemos y cuánto tardamos???

    Debo decir que me han llamado por teléfono y he perdido un buen rato, no leo tan lenta.

    Me sabe mal que al final la pelirroja fuera la que más lo disfrutara.
    Como dice Duquesa, hay que buscar siempre algo nuevo, sin comparar.

    A mi tb me gusta jugar al ping pong ….. ;)

    Besootes

  6. No las vigilo, el blog tiene su propio sistema de detección, me saca unos informes y unas estadísticas él solito… Oiga, que yo, a parte de ser un frikie de la informática, me gano la vida y me pago la hipoteca con ello.

    Y no se preocupe por mi, yo también disfruté de la pelirroja en cuestión.

    Ah, ¿juega a ping-pong? Yo, en la uni, jugaba al rugby, verá que estoy más embrutecido.

  7. “Dulce, como el compás de una antigua canción”, diría esta vez mi amor platónico.

    Todos tenemos un single en forma de persona que no deja de girar en nuestra mente. Aunque tengamos la certeza de que nunca más lo vamos a escuchar. El mío suena en portugués…

    Me gustan estos relatos tuyos. Porque, al contrario de lo que parecen, encierran más sentimientos que sexo.

    Besos.

  8. Campanilla

    Aparece usted y desaparece que no me da tiempo a poner mis garras en su persona… Y cada vez con un nombre diferente… Es usted perversa.

    ¿Quien es su amor platónico? (Y yo que pensaba que usted soñaba conmigo por las noches).

  9. Zero Kelvin,veo que Campanilla opina como yo,hay más sentimientos que sexo en tus relatos.
    Ya no te llena ninguna como Ella…
    Y lo sigues intentando,¿pero que pides?…silencio,para que,con esas dos malditas palabras, no te traiga su recuerdo y el dolor…
    A mi me pidieron lo mismo,durante años no salieron de mi boca…pero esa ya es mi historia,y aquí no es pertinente.
    Saludos afectuosos Zero Kelvin

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