Salinas y el General Fórceps
By Zero Kelvin • dic 12th, 2008 • Category: AportacionesEn estos mundos cibernéticos en los que nos movemos nos encontramos con gente de muchos tipos. En el YOYA disfrutamos de un elemento ácido, perspicaz y un verdadero crack. Quizás demasiada coca ha pasado por sus tabiques nasales, pero no por ello deja en ocasiones de ser brillante. Es Fórceps.
Pero como les pasa a la mayoría de estos cracks ácidos, son como Rick Blaine, el de Casablanca. En el fondo un sentimental. Lo pueden ustedes seguir aquí.
Hoy, “Rick Fórceps”, muestra su lado humano. Ha perdido a una persona relativamente querida, quizás ha perdido a un referente que le llevaba a sus años de adolescente inconsciente, esos años que todos hemos pasado. En homenaje al gran Fórceps y a alguien que no conozco vaya esta aportación.
Salinas
De pequeños nos tenía acojonados. Entrábamos tímidamente a por un Burmar-Flax, 5 pelas, y él nos lo tiraba sobre la barra sin si quiera miranos. Infundía un respeto fantasmagórico a los niños.
Luego empezamos a pasar más y más horas en su bar. Apoyábamos las bicicletas en el muro lateral y tomábamos Coca-Colas mientras echábamos unas chapillas al Commando de Capcom. En esa época, principios de los 80s, hice la primera pela. Él nos contrataba para seleccionar las botellas vacías de un macro-container y ponerlas en las respectivas caja de plástico. Por 500 pelas -suma FORTÍSIMA en la época-.
Sí, tendríamos 10 o 13 años. Ahí, en verano, cada noche ponía un clásico que alquilaba de los por entonces florecientes video-clubs. Ahí vi Acorralado, Rambo, Rocky III y tantos y tantos clásicos de acción de los 80′s por primera vez. Cuando terminaba la peli nos echaba del bar, haciendo gala de unas maneras tan toscas que trascendían lo bruto para convertirse en afectuoso.
Algunos años más tarde, cuando terminaba el film clásico y el bar se vaciaba, sólo quedábamos él y mi cuadrilla, los niñitos de Barcelona que íbamos a dormir más tarde que los locales. Fue por esa época cuando aprovechando el plato a Astra -apenas habría una docena en toda España- nos ponía sucias pelis porno alemanas que captaba de RTL para nuestro goce y disfrute. Luego agarrábamos la bici y para casa, con un sonrisón.
Y las primeras tajas. “Xavi, un tubo”, “Xavi, cuba-libre” y tal. Sí, con la adolescencia estábamos abonados a su casa. A jugar a la butifarra, a mirar el fútbol (inolvidable 3-4 en el aun Luís Casanova o el 5-4 al Atleti con Romario) y a reunirnos en general. Era la casa del pueblo, nuestro segundo hogar, y él en cierta manera era pilar fundamental de nuestras vidas y veranos.
Su interpretación del servicio al cliente podría ser clasificada de hispánica-radical. Los clientes, en general, le enervaban y disgustaban. Jamás recibió a nadie con los brazos abiertos, pero más que ser un tio agrio era simplemente sincero. Ya tenía todo el dinero que se podía gastar y más, buena família, y él lo que quería era mirar la tele o charlar en la barra. Cuando le entraba gente al restaurante ponía esa mirada de miura entes de embestir.
En una ocasión, ibamos la cuadrilla por una carretera oscura a 200 metros del bar. Encontramos un mini aparcado y lo volcábamos, éramos un puñado de niños, figúrense a los 13 o 15 años. Pues eso: lo volcamos sin motivo aparente, directamente nos dirigimos al bar, nos ve entrar y nos suelta “Què collons foteu volcant cotxes?”.
En otra, era el dia del solteros contra casados. Los solteros, de amarillo, eran 30, esperando para jugar, mientras que los casados, de rojo, apenas llegaban a 10 y andaban todos desfondados. Me enfundé la zamarra roja de los casados y entré como un toraco, a mis 15 años y con todas las chatis del pueblo en la grada. Él era el central de los casados. Me mira y me dice “Que estàs casat tú?”. “No”. “Doncs fot lo camp, mecagon lo déu quem va parir”. Y me mandó a la caseta sin haber tocado un balón.
Cuentan que un dia, yendo a por setas con su Patrol y a 15 Kms del pueblo, alguna roca dio en los bajos y el coche palmó. Sacó los cestos del maletero, desfrenó el coche y lo despeñó del cabreo. Se personaría al pueblo al cabo de varias horas blasfemando de forma notoria y alarmante, más aun en un pueblo.
Y tambien cuentan que el dia que su esposa le besó por primera vez, en un restaurante, se desmayó al instante.
Cuando jugaba el Barça se ponía frenético cuando le pedían algo, a pesar de estar detrás de la barra. Los que le conocíamos sabíamos esperar a algún lesionado o tangana para pedir, sinó igual te soltaba un moco. Cuando el partido iba mal, incluso cuando iba bien, era frecuente oir “Lo Salinas, collons, aquest Ronaldo no é ningú, mecagom lo déu, lo bò é lo Salinas”. Aparentemente siempre hablaba en serio, pero en este caso lo dudo. Aun así, hasta hace bien poco, el nombre de Salinas seguía siendo coreado en ese bar y en ningún otro.
Xavi, su bar, sus mesas, sus colillas por el suelo, su tele a toda tralla, su gente en la barra, su mesa de billar y su futbolín forman ya parte de la historia de mi pueblo. Y de la mia propia.
Se fue el Martes.
Ya nada volverá a ser igual. El presente es este post de homenaje a nuestro Xavi, a su mujer y a sus tres hijos, y el futuro será un pueblo sin Xavi, lo cual lo hace ya bastante peor que el pasado.
Descansa en paz, Xavi. El bueno siempre fue Salinas, y eso nunca cambiará.
Zero Kelvin is El último punk que saltó de Putney Bridge
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Emocionante, de verdad. He disfrutado leyéndolo. Like tears in the rain.
Ahhh Free, Fórceps es así, con los ojos pardos y un sentimental en el fondo.
Tócala Sam.