Zero Kelvin

Huellas de unos dedos congelados

Tocarse las narices

By • sep 24th, 2008 • Category: Monólogos a Concurso

Hola buenas noches, perdonen mi alteración pero he venido con prisa porque he estado en un Congreso de Otorrinolaringólogos en Kuala Lumpur y he pillado un atasco en la entrada desde Barajas de muy señor nuestro. Ya se pueden ustedes imaginar que si claxon por aquí, que si “me cago en tu madre”, que si tu en tu madre te puedes cagar pero que te seria imposible encontrar a tu padre…

En fin, como les decía, he estado en un apasionante Congreso y me llamó la atención una ponencia presentada que estudiaba la relación entre el incremento en el uso de teléfonos móviles y la disminución registrada en los cuadros clínicos de ulceraciones nasales, que presentan una reducción del 13% (datos de las 25 urbes más pobladas de los EEUU y las ciudades de la franja de Gaza donde los Israelíes no paran de tocar las narices, y eso que los judíos siempre han tenido fama de enormes fosas nasales).

Según los autores de dicha ponencia, la costumbre de un importante colectivo de conductores masculinos de hurgarse las fosas nasales mientras el vehículo se encuentra detenido por un semáforo, atasco u obras municipales, está siendo substituida por el uso del teléfono móvil. Teniendo en cuenta la de zanjas que se pueden ver en Madrid no es de extrañar el incremento exponencial de la facturación de Telefónica.

Y es que en España, toda esa mandanga de la obligatoriedad del uso del “manos libres” no parece indicar que se simultaneen ambas acciones, con lo que parece tomar cuerpo la teoría de que el hombre no es multitarea (Bill Gates anuncia, no obstante, para el año 2005 la aparición de un “hombrewindows-XP” en la web de Microsoft).

Así pues, esa clásica estampa del conductor extrayendo mucosidades y depositándolas en el volante está empezando a desaparecer. De igual manera los casos de infecciones causadas por la coincidencia temporal del hurgamiento y los atascos en las grandes urbes descienden, calculándose el ahorro de los sistemas públicos de sanidad en más de 300 billones de dólares. Ante esta noticia las acciones de hospitales privados especializados en la materia han registrado un descenso de 4 puntos en Wall Street y algunos están pensando en reconvertir algunas salas de consulta en cyber-cafés.

Lo curioso es que esta costumbre siempre ha sido patrimonio de los conductores masculinos. Según un estudio los hombres son de Marte y se hurgan la nariz y las mujeres de Venus y hurgan en el bolso. Pero ese descenso no se da igual manera en la costumbre de conducir y hurgar simultáneamente el bolso que practican ellas. Un estudio realizado en las mismas ciudades ha detectado un incremento de un 10% en los accidentes de tráfico en los que una mujer al volante y un teléfono celular estaban involucrados.

Por ejemplo, en Atlanta Janice Parker, ama de casa, 32 años, fue detenida por la policía mientras hablaba por teléfono durante la conducción, mientras buscaba en el interior del bolso un segundo celular que estaba sonando. Conducida ante el juez, declaró que tales actividades no le impedían dirigir correctamente el vehículo ya que sus potentes glándulas mamarias eran utilizadas para tal menester.

Ante la insistencia del fiscal en que tal cosa no era factible, el juez ordenó una prueba pericial que fue seguida con indudable interés por el público y los medios de comunicación llegando el caso a la agenda del entonces presidente norteamericano Bill Clinton que ofreció a la acusada un puesto de becaria próximo al despacho oval.

Janice Parker, vistiendo de cintura hacia arriba tan sólo un sostén, demostró su pericia al volante circulando en compañía del juez por las principales calles de la ciudad.

Las acciones de Wonderbra subieron en la bolsa de NY 5 enteros y un portavoz de ITT anunció la puesta en marcha de una campaña de promoción de su nuevo producto C&D (Conduce y Disfruta) consistente en regalar, con cada nueva alta, unos sostenes adornados con autógrafos de famosos corredores de fórmula 1.

En fin, que hay que ver la de cosas que uno puede aprender en estos congresos. Aunque si les soy franco, yo solo me he leído las ponencias que te dan escritas en un libro en la entrada durante el viaje de vuelta, de hecho me he pasado todo el congreso en la piscina del hotel, obviamente y como cualquier hijo de vecino, tocándome las narices.

is El último punk que saltó de Putney Bridge
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