Putney Bridge
By Zero Kelvin • sep 14th, 2008 • Category: El congelador… sintiéndome el último punk que se sienta en la barandilla…
José Ramón Julio Martínez Márquez
… Aunque lo conoceréis como Ramoncín. Pero realmente “el rey del pollo frito” murió en los 80. He tenido mis dudas sobre si debía colocar este post en mi blog “Music & Lights” o si por el contrario requería un tratamiento más personalizado. Si fuera por su presente, por la SGAE, por su forma de arrimarse al poder debería enviarlo al cajón de sastre de allí. Pero en el fondo a veces soy un romántico y quiero pensar que una vez existió alguien que entonaba canciones como “Forjas y Aceros” para defender a los trabajadores en plena reconversión industrial o la que da título a este post. Aunque muchos conoceréis la obra de este hombre por su canción más barriobajera y pública “Hormigón, mujeres y alcohol” (sí, esa que empieza “litros de alcohol corren por mis venas”) lo cierto es que si hay una canción emblemática y realmente increíble es Putney Bridge. Es lo mejor de Ramoncín sin posibilidad alguna de apelación a esta afirmación. Forma parte de esas canciones que una vez la escuchas jamás la olvidas y siempre estará puesta en tu I-pod o similar.
Y desgraciadamente biográfica es también Putney Bridge, porque si el puente del Támesis es el final del rock y todo lo que el rock representa, se puede decir, como en la canción, que Ramoncín ha dejado Putney Bridge atrás. Matando su propio rock, volviéndose lo que ahora es y antes criticaba. Deleznable.
Saltando desde Putney Bridge
“El último punk se suicida en Putney Bridge, su cuero negro lleva el nombre de los Clash. Se ha tirado sin mirar atrás..”Así empieza la letra de la canción. La muerte en Putney Bridge es el final del rock, es el final de nuestra lucha, de nuestra rebeldía y eso lleva al final de la esperanza. Al hastío por el presente y el vacío y desazón cuando miramos al futuro. “Si vuelve el pop es que algo anda mal” dice en otra estrofa. Si te conformas con lo fácil, con vivir con la banda sonora del telediario, te convertirás en otro número más, en otro ciudadano respetable y fácilmente manipulable por quienes no quieren que pensemos.
El problema es que si te pones a pensar sobre ello, a buscar soluciones, a intentar hacer algo, puedes acabar sentado en la barandilla de un puente, sea en el Támesis o en el Llobregat, con un bloque de cemento en el cuello y pensando si vale la pena continuar o te lanzas al vacío.
En la barandilla
Durante estos últimos meses he estado ensimismado en mi mismo, pasando bastantes malos ratos. Intentando encontrar un trabajo que me hiciera sacarme de encima los malos rollos que los jodidos de Siemens me habían metido en los últimos cinco años y pico que llevaba currando allí. Dejé de escribir, que era como mi terapia porque ni siquiera sabía que decir ni tenía nada que contar. Me senté en la barandilla de Putney Bridge y miré las aguas que corrían por debajo. Y ahí sigo mirando. Quizás algún día me tire. O quizás me levante, me ajuste mi chupa de cuero y siga el camino hacía el East End, que es donde realmente estamos los que no renunciamos a seguir nuestra vida acompasada por el rock. Dejemos el West End para las chicas monas, los niños de alta cuna y aquellos que abandonaron sus principios.
Zero Kelvin is El último punk que saltó de Putney Bridge
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