El bosón de Kelvin
By Zero Kelvin • sep 13th, 2008 • Category: El congeladorTodos los días, mientras hago mi trayecto entre la estación de Rubí y la de Plaza Catalunya, abro mi i-phone con los titulares de los periódicos e intento hacerme una idea de lo que pasa en el mundo que me rodea. Sí, ese de las crisis en la economía, los parados en la calle, gentes de las de aquí y de las de allá de las cuales solamente son noticia cuando la desgracia aterriza en su devenir. Y en uno de esos titulares me encontré el otro día sumergido, hablando de átomos, de hadrones y del bosón, el denominado bosón de Higgs. Siempre he pensado que mirarme hacía adentro era un ejercicio más bien mental (y complicado dado mi retorcido tejido nervioso). Siempre he desestimado las reacciones hormonales, otrora denominadas sentimientos, amor y demás cursilerías por el estilo. Y como ateo empirista la simple llamada a la figura de un Todopoderoso me parece, sencillamente, digna de una imaginación enferma, demasiado dependiente y débil que requiere de un tutor que le diga lo que hacer y como hacerlo.
Pero ese tema del bosón me tiene totalmente abstraído, sobre todo me sedujo su nombre literario: la partícula de Dios. El que nos señala el kilómetro cero. Pero que no es un mojón o monolito como el de Kubrick en su odisea especial. Es una partícula subatómica. ¿A que cuesta creer una visión tan pequeña de quien se supone omnipotente?
El bosón de Higgs es una partícula teórica, nunca ha sido observada como otras partículas subatómicas definidas en la teoría de la relatividad, física cuántica e incluso en las teorías del BigBang. Pero el bosón de Higgs sería aquella partícula que convierte los fenómenos físicos en materia. Sería la partícula que convertiría un átomo en algo con masa, es decir, es el origen de la materia. Así hubiera sucedido el BigBang, a partir de una generación de energía tan grande capaz de convertir esa energía en masa, en materia, generándose ese bosón. Todos conocemos eso de que la energía ni se genera ni se destruye, sólo se transforma. La energía es eterna, pero convertida en materia aparece como perecedera. El bosón, ese que nos convierte en quienes somos, en materia, ese que nos hace ser la vida que conocemos es, a la vez, el que nos acabará destruyendo, el que convierte nuestra energía perpetua en materia corrompible.
No deja de ser curioso que el famoso CERN, o acelerador de hadrones sea un círculo de diámetro kilométrico. A mi me recuerda a eso de dar siempre vueltas sobre la misma cosa. Y yo, que siempre he intentado sacar de mi aquello que me hacía débil, vulnerable, en pleno inicio de mi crisis de los cuarenta, empiezo a pensar en mi bosón. Y ganas me dan de irme a Suiza, meterme en ese acelerador hasta que sean capaces de interceptar mi bosón y eliminarlo de mi. Y dejar de ser materia. Y dejar de ser vida. Acabar con mi proceso de deshumanización que empezó ya hace muchos años. Para acabar siendo energía perpetua, esa que no perece, esa que sólo se transforma, pero esa que seguirá aquí por siempre, porque ¿hay algo peor que el no existir?
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